Gabriela
Me recuesto en mi silla porque ya me duele la espalda de tanto trabajar, pero es el precio que debo pagar si quiero que mi padre me dé el mando de la compañía por completo.
Cierro los ojos y en mi mente se viene el rostro de Ethan, los abro de inmediato no sé por qué se me vino a la mente él, debe ser por el problema que ocasionó con el Señor Valencia, si eso de ser; aunque no niego que es guapo, ese cabello rubio que siempre mantiene perfectamente peinado, esos ojos verde, esa nariz perfila, esos labios gruesos que te invitan a besarlos y esa mandíbula recta, nunca lo he visto con ropa de calle pero esos trajes de tres piezas que siempre lleva le sientan bien a su cuerpo ya que tiene la proporción perfecta a parte utiliza lentes y se ve tan sexi con ellos.
El sonido mi celular me saca de mi ensoñación con mi asistente, miro y veo que es mi amiga Abigail.
— ¿Qué quieres? — le digo descolgando.
— ¿Qué quiero? En serio me preguntas eso — yo resopló —Te estoy esperando desde hace media hora Gabriela, tengo hambre, si no ibas a venir al menos hubieras tenido la decencia de avisarme — dice enojada, frunzo el ceño y miro la hora en mi laptop es la 1:30 Pm.
—Lo siento Abby no me di cuenta de la hora, pero ya mismo salgo para allá — digo colgando, llamo a Carlo y le digo que me espere en la entrada de la empresa, salgo de mi oficina y miro el escritorio vacío de Ethan, me acerco y veo su teléfono, lo tomo y lo miro fijamente, lo enciendo y como imagen de fondo tiene un gran perro n***o.
—Debió dejarlo al estar tan nervioso por el problema que ha hecho, se lo devolveré mañana — pienso metiéndolo en bolso.
Tomo el ascensor y bajo hasta la última planta claro que he tomado el mío, no me gusta compartir un lugar tan estrecho con muchas personas, las puertas se abren y camino hacia fuera, miro hacia mi derecha y veo a Emma limándose las uñas, me acerco a ella y toso disimuladamente, pero está me ignora.
—Señorita ¿Podría ayudarme por favor? — digo cambiando mi voz.
—Lo siento señora, estoy en mi horario de almuerzo así que porque no se sienta por ahí y espera a que se acabe mi descanso — dice sin mirarme, me pongo sería.
—Tengo entendido que su tiempo de descanso se cabo hace media hora señorita Watson — ella se voltea inmediatamente y me ve sorprendida.
— ¿Si? N-no me había dado cuenta de la hora, perdón señorita Vanderwaal no volverá a pasar — yo asiento y sonrió hipócritamente.
—Tienes razón Emma no volverá a pasar porque en este momento estás despedida — ella palidece —No te quiero mañana aquí — digo dándome la vuelta —Ah y mañana mismo puedes pasar a recursos humanos por tu liquidación — digo y salgo del edificio y me monto al auto le digo a Carlo a donde ir.
Llego al restaurante y entro, a lo lejos puedo ver la larga cabellera rubia de mi amiga, camino de prisa y me siento en frente de ella.
—Perdón, perdón, el trabajo me retraso pero prometo compensarte — le digo poniendo cara angelical y juntando mis manos como si fuera a rezar, ella me mira enojada.
—Te perdono si me das el número del bombón que tienes de asistente — yo la miro mal
—Olvídalo, no te quiero cerca de él — digo seria, ella me mira sorprendida —No quiero que se desconcentre pensando en novias y esas bobadas — digo enseguida para no darle una impresión equivocada, ella asiente no muy convencida, el mesero se nos acerca y ordenamos.
— ¿Pero en serio no te parece atractivo tu asistente? ¿Cómo es que se llama? — pregunta.
—Su nombre es Ethan y no te lo niego es atractivo pero no tengo tiempo para líos amorosos y esas cosas cursis del amor — ella sonríe y asiente.
El mesero trae nuestras órdenes y nos disponemos a comer entre risas dejando aún lado el tema de lo atractivo que es Ethan.
— ¡No puedo creer que haya dicho eso! — dice Abby riendo.
—No sabes la cara que puse cuando el señor Valencia me llamo a felicitarme por mi compromiso y que no dejará de invitarlo a la boda — digo y tomo un sorbo de café.
—Vaya, vaya al parecer Ethan no deja de pensar en ti — dice pícara, yo niego y ruedo los ojos.
—Ya basta — miro mi reloj y veo que son las 3:00 de la tarde —Debo volver al trabajo y para terminar unas cosas, papá quiere verme hoy — ella asiente.
—Ojala se repita esto, Gaby estás joven tienes 24 años y pareces una vieja de 60, no sales, no te diviertes ni siquiera te conozco un novio desde Chad — yo niego.
—A veces hay que hacer sacrificios por lo que queremos, deberías intentarlo Abigail — ella niega.
—Soy feliz con lo que tengo y lo que soy — ella me ve — ¡Soy una rumbera! — dice gritando y levantando sus manos hacia arriba llamando la atención de todos, me río y me tapo la cara.
—Me estás avergonzado — digo golpeándola en el hombro.
—Ah sí ¿Y tú quién eres? — dice cruzándose de brazos.
—Soy nada más y nada menos que Gabriela Vanderwaal, una de las empresarias más reconocida y respetada en el mundo de los negocios — digo arrogante, ella ríe y salimos del restaurante, nos despedimos de un beso y con la promesa de que volveremos a encontrarnos.
Me subo al coche y le digo a Carlo que me lleve de nuevo a la empresa, voy pensando en lo que papá querrá decirme y aún no hallo una razón, escucho el teléfono sonar y busco en mi bolso sacando mi celular pero me doy cuenta que no es el mío, la melodía sigue sonando hasta que para, pero vuelve a sonar de nuevo, busco de nuevo en mi bolso y veo que es el celular de Ethan es un número desconocido, sé que es una falta de respeto a su privacidad pero puede que sea él buscando su teléfono así que decidí contestar.
Llamada telefónica.
— ¿Ethan? Soy Emma no me preguntes cómo he conseguido tu número pero necesitaba hablar con alguien — dice llorando, ruedo los ojos al ver lo dramática que es esta mujer — ¿Estás ahí? — me pregunta.
—Si — digo imitando una voz de hombre pero está sale toda rara y parece la de un travesti con gripa.
— ¿Estás bien? Te oyes raro — yo asiento como si ella pudiera verme.
—Sí, solo me estoy enfermando pero dime para qué me llamas Emma — no sé por qué estoy haciendo esto.
—La bruja de Vanderwaal me ha echado — dice y llora pero se nota a leguas cuán falso es su llanto.
— ¿No me digas? — digo sarcástica.
—Sí y lo peor es que yo no le he hecho nada, no sabes cómo la odio, es una zorra, una arpía, una pu..... — es lo último que escucho antes de colgar.
Fin de llamada telefónica
En serio piensas eso de mi querida Emma, ahora sí te voy a dar razones miro por la ventanilla pensando en mi plan.
Son las 7:00 Pm en punto voy entrando al restaurante más caro y famoso de la ciudad, claro todo lo mejor para Hank Vanderwaal, el mesero me guía hasta su mesa, cuando llegamos este abre la silla para mí y le agradezco con una sonrisa me pasa la carta y se marcha.
—Padre — digo saludándolo, él me mira y sonríe.
—Hija mía — dice y toma mis manos y les da un beso a cada una — ¿Cómo estás? — me pregunta sonriendo.
—Bien papá ya sabes el trabajo en la empresa no se hace esperar — digo y miro la carta, tengo hambre.
—Deberías descansar un poco, casi no te veo ¿Es que ya no me quieres? — dice haciendo un puchero.
—Claro que te quiero padre y te quiero mucho, solo que no quiero descuidar la empresa ya sabes es nuestro patrimonio y lo que nos queda de mamá — él asiente y baja la cabeza.
—Ya serán 10 años de ese trágico día — yo asiento y veo el dolor en sus ojos —Yo siempre voy a lamentar haberte quitado a tu madre — yo niego.
—No fue tu culpa papá, ellos lo hicieron — digo y me paro para abrazarlo —Pero no vinimos hablar de cosas tristes — digo sonriendo y sentándome de nuevo, él asiente.
—Tienes razón, vengo hablar de un tema muy serio contigo — dice y eso me asusta.
— ¿Qué es padre? — digo prestándole toda mi atención.
—Hija, ya estoy viejo y ya no puedo con la empresa y más así que te daré el cargo completo de la empresa que es tu herencia — yo sonrió por qué al fin tengo lo que quiero —Pero — y mi sonrisa se borra, los pero de mi papá sin muy malos —Debes casarte para tenerla empresa totalmente — dice simplemente, lo miro sorprendida.
—No puedes hacer eso padre — digo alzando la voz y así llamando la atención de las personas de las mesas más cercanas — ¿Cómo que casarme? — digo bajando la voz.
—Si hija, quiero saber que ya eres una mujer madura, hecha y derecha que puede tener las riendas de la empresa — dice simplemente.
—Sí, pero para eso no necesito casarme — digo desesperada, él se encoge de hombros.
—Es eso o nada — dice y llama al camarero que me trajo hasta su mesa —Tomate tu tiempo, sal conoce a alguien, enamórate y cásate es más ten hijos y así sabré que puedo confiar mi empresa en tus manos — dice y le ordena al mesero traer el mejor vino tinto que tengan.
Piensa, piensa Gabriela ¿Cómo me conseguiré un esposo tan pronto? Debe ser alguien en el que confíe, que conozca desde hace tiempo.
Ethan Cohen
Su nombre viene a mi mente, él es el candidato correcto, le conozco y le tengo confianza.
—Pues no tendrás que esperar tanto padre, porque ya estoy casada — digo sonriendo, me mira sorprendido.
—No juegues con eso Gabriela — yo niego.
—Cómo crees que jugaría con algo como eso padre — digo haciéndome la ofendida —En verdad me casé — digo suspirando como una enamorada.
— ¿Quién es? ¿Cuándo te casaste? ¿Por qué no me invitaste a la boda señorita? — me ataca con preguntas.
—Ya calmado — digo parando el bombardeo de preguntas —Es Ethan — él hace una mueca —Si padre mi asistente, me casé hace un mes y no te invite porque fue de un día para otro, estamos tan enamorados que decidimos no esperar y solo estamos casados por lo civil — él asiente.
—Bien — dice y se para —Quiero hablar con ambos mañana en casa, están invitados a cenar para hablar de su boda por la iglesia y olvídate de una pequeña será a lo grande quiero que todos sepan que mi pequeña ya está casada — miro cómo se va cantado.
— ¿Qué hice? — digo tapando mi cara con mis manos