El aire en la habitación se volvió espeso, denso, cargado de la rabia contenida que vibraba en el pecho de Toribio. Sus ojos, estaban fijos en los de Jenn. Ardían con una mezcla de furia y deseo incontrolable. Jenn retrocedió apenas un paso, su respiración entrecortada, el pecho subiendo y bajando con fuerza. Pero no era miedo lo que la paralizaba. Era la tensión eléctrica que vibraba entre ellos, tangible, sofocante. Toribio no le dio oportunidad de huir. En un movimiento rápido, cerró la distancia que los separaba y la tomó del rostro con ambas manos, sujetándola con firmeza, como si temiera que pudiera escapar. Sus dedos se hundieron en su cabello, entrelazándose con sus mechones, y su aliento cálido chocó contra sus labios. Y entonces la besó. Con fuerza. Con hambre. Con una pasió

