25- Hablemos de cosas que olividaste mencionar.

1565 Palabras
Emmett —Date la vuelta — le ordeno. Libby levanta una ceja, pero hace lo que digo, girándose debajo de mí, su cuerpo presionando contra el mío todo el tiempo y casi volviéndome loco. —También hicimos la postura del perrito hace dos semanas— —Pon las manos detrás de la espalda— respondo, y soy recompensado con otro pequeño escalofrió que ella intenta disimular sin éxito. Se pone las manos en la parte baja de la espalda. La rodeo, le paso la parte delantera de la camiseta por encima de la cabeza y la paso por encima de los brazos, atándolos detrás de ella. —De acuerdo. Quizás no esta posición del perrito amarrado— dice con una sonrisa. —Dios, eres jodidamente sexy— —Lo has mencionado una o dos veces— dice ella. Le levanto las caderas hasta que sus rodillas estan debajo de ella y su trasero esta lo suficientemente alto como para alcanzarla. —Hablando de lo que mencioné, hablemos de cosas que olvidaste mencionar— —¿Cómo? — Su mejilla esta sobre las sábanas y su mirada sospechosa se percibe a través de un nido de cabello desordenado. —Como…Hawái— —Tampoco es como si me hubieras contado tu itinerario post-divorcio— Divorcio. ¿Qué pasa con esa palabra? ¿Por qué la sigue usando? Con un golpe, le doy una palmada en el trasero. Ni siquiera fuerte, así que su jadeo debe ser de sorpresa. —Te voy a dar una nalgada por todo lo que vas a hacer en Hawái que no me dijiste— Le aparto el pelo para asegurarme de que está bien. Me saca la lengua y pone los ojos en blanco. Si. Está bien. —Empieza a hablar, Libby — —¿O qué? — Deslizo las yemas de mis dedos por su entrepierna, apenas tocándola. Todavía no es la hora de la recompensa. No hasta que sepa que lo va a pasar fatal en Hawái sin mí. —O me voy a la cama y te dejo aquí con las manos atadas donde no puedan alcanzar tu coñito mojado— —No lo harías— Me encojo de hombros y empiezo a bajar de la cama. —¡Buceo! — grita. —Buena chica— Le doy una bofetada en la nalga derecha. —¿Qué más? — Se muerde el labio y considera sus próximas palabras. —Paracaidismo— Cuando vuelvo a golpear el mismo punto, solo que un poco más fuerte, aparece una mancha rosada. Dios, me encanta eso tanto como la forma en que se muerde el labio. —Paseo en helicóptero. Como Magnum PI— —Te ganas uno por el helicóptero— le digo. —Y este…— La azoto por segunda vez y ella gime. —Es por mencionar un programa de televisión de los ochenta durante el sexo— —Avistamiento de ballenas— Azoto. Se retuerce y gime. —Peinado playero— Empiezo por el lado izquierdo y ella grita porque es inesperado. —Luau— El izquierdo de nuevo. Sus ojos se cierran y sus labios se separan. Luego me mira con esa mirada traviesa particularmente típica de Libby. —¿Qué? — —Surfear, hacer tabla de remo, acampar, visitar un volcán, nadar, jugar al golf y eso de volar entre los árboles con una cuerda— La azoto seis veces en rápida sucesión y ahora tiene la espalda arqueada y jadea. —Se llama tirolesa— digo, acariciando su hermoso trasero. —Te perdiste una— —No creo que vayas a jugar golf— beso las manchas rosadas de su trasero, donde la piel aún está caliente, y jugueteo con mi lengua, sacándole un suspiro de anticipación. —Vaya, Señora Sterling- Taylor— la saboreo y ella se acerca más. —Pareces estar bastante emocionada con este viaje. Separo sus piernas y me arrodillo entre ellas, posicionando detrás de su cuerpo boca abajo, mientras trazo la yema de un dedo a lo largo de los labios exteriores de su coño. Apenas he hecho más que azotarla. Nunca pensé que lo haría en primer lugar, y mucho menos que se mojaría tanto. —¿Qué puedo decir? Mi esposo me está enviando con un recuerdo para cada actividad— murmura Libby, y solo el sonido de esas palabras, mi esposo, envía otra punzada de deseo directamente a mi polla ya rígida. —Mierda, Libby— Beso sus manos atadas, luego le muerdo el trasero donde esta rosado, lo suficientemente fuerte como para hacerla reír y retorcerse. —Te gusta— Separo aún más sus rodillas y presiono mi cara entre ellas, pasando mi lengua a lo largo de su raja, presionando la punta entre sus pliegues, lo suficiente como para poder saborear sus jugos, saborear lo mojada que ya está para mí. Emite otro sonido suave, casi un gemido. —Me gusta— —Bien— respondo en voz baja antes de lamerla de nuevo, hasta el final de su raja, mi lengua rodeando su clítoris hábilmente antes de deslizarme hacia arriba, trazando el contorno de su entrada. Con mi mano libre, separo los labios de su coño y envuelvo mi otra mano alrededor de una de sus caderas, mis dedos clavándose en busca de apoyo. Luego, muy lentamente, empujo la punta de mi lengua dentro de ella. Ella gime más fuerte, retorciéndose contra la cama. —Emmett…— Hago círculos con mi lengua dentro de ella, saboreando su sabor, dulce y salado con un toque almizclado. Me encanta su sabor. Podría pasar todo el día aquí, saboreando cada sabor de ella. Pero saco mi lengua, arrastrándola por sus paredes internas antes de volverla a meter, más rápido. Ella jadea, y sus caderas se levantan de la cama, hacia mí. Sigo provocándola centímetro a centímetro, mi lengua alternando entre penetrarla y rodear su clítoris, sin llegar a tocarla. Solo añadiendo la presión suficiente para volverla loca. Cuando siento que se acerca a su punto máximo, me aparto por completo, sentándome para contemplar su cuerpo desnudo inclinado ante mí, cada glorioso y hermoso centímetro de ella. —Mierda, Emmett— respira. —Fóllame por favor…— —No lo sé— le digo sonriendo. —No estoy seguro de que puedas hacer todas esas actividades en unas vacaciones— —También voy a ir a esa excursión que mencionó Anna— —¿Lo harás? — —Lo haré si no me follas ahora mismo— —¿Es esa la forma de hablarle a un tipo que te tiene atada? — La tomo por los codos y me aparto, solo para tener más control. —Por favor— gime. —Por favor, fóllame. Seré amable— —Bien hecho, chica— La penetro lentamente, centímetro a centímetro. Estira las piernas para acomodarme y arquea la espalda para que sus caderas se inclinen hacia las mías. Sigo avanzando, tan lentamente que probablemente nos esté volviendo loco a ambos, hasta que mi polla está completamente dentro de su coño y siento que se contrae, apretándose a mi alrededor. —Tu coño fue hecho para mi polla, Libby— Retirando sus brazos, empujo con fuerza, una vez y ella grita. —A tu cuerpo le encanta estar a mi merced— —Sin piedad. Si— Su última palabra surge como un jadeo mientras salgo de ella y empujo de nuevo, moviéndome más rápido ahora. Me aparto de nuevo, empujo una vez más, más fuerte. Ella intenta mover sus caderas conmigo, pero en esta posición, tengo todo el control y lo aprovecho al máximo. Soltando sus brazos, la garro por las caderas, inclinándome para que mi polla presione profundamente dentro de ella, recorriendo su pared frontal interna. No pasa mucho tiempo antes de que respire más rápido, su cuerpo tiemble al límite. Ya estaba tan excitada, y ya se exactamente dónde embestir para alcanzar ese punto dulce. La follo más fuerte, más rápido, siento la punta de mi polla arrastrase por sus paredes y sus músculos contraerse alrededor de mi eje con cada embestida. Todavía estoy fuerte cuando siento que empieza a deshacerse. —Voy a…a…— Ni siquiera puede terminar, y sonrió. —Córrete para mí, esposa— Todo su cuerpo tiembla cuando el orgasmo la golpea. No me detengo ni disminuyo la velocidad. Sigo embistiéndola profundamente, nuestros cuerpos hacen sonidos resbaladizos donde chocamos. Ella deja escapar un leve grito, y se convierte en un sonido agudo mientras sigo fóllandola. No puedo distinguir donde termina su primer orgasmo y donde se intensifica el siguiente, pero en cuestión de minutos está gritando de nuevo, su coño se contrae tan fuerte alrededor de mi polla que se siente como un puño. Me corro profundamente dentro de ella, con un gruñido tan gutural que se siente como si lo hubiera sacado directamente de mis bolas. Luego me derrumbo en las sábanas, deteniéndome el tiempo justo para desenredar su camisa de sus brazos. Se acurruca contra mi pecho, ambos pegajosos de sudor, pero con los ojos bien abiertos, fijos el uno en el otro. Me besa y la atraigo hacia mí, saboreando la sensación de su cálido cuerpo contra el mío, sus brazos alrededor de mi cintura en la imagen espectacular de la forma en que los míos se curvan alrededor de los suyos. Acostados así, es fácil olvidar porque estábamos peleando.
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