El silencio entre nosotras pesaba. No como antes, cuando la tensión era eléctrica y cada mirada cargaba con deseo o rabia. Este silencio era triste. Denso. Humano. Casi… roto. Suspiré profundamente. Mis manos estaban frías. El corazón, aún más. —Voy a acomodarte el cuarto de invitados— dije con voz firme, aunque por dentro me temblaba todo —Puedes quedarte esta noche. Pero… te vas a primera hora, ¿de acuerdo?— Scarlett no respondió de inmediato. Vi cómo sus labios se fruncían en una línea tensa, pero no discutió. Asintió apenas con la cabeza. Me giré y empecé a caminar por el pasillo hacia la habitación de huéspedes. Los pasos de Scarlett no tardaron en seguirme. Los reconocería en cualquier lugar. Pasos seguros. Elegantes. Pero esa noche… dolían. —Sophie— murmuró detrás de mí —no t

