El silencio incómodo de la mañana se rompió abruptamente con el sonido del teléfono de Scarlett. Un timbre elegante, discreto… tan propio de ella. La observé al instante. Scarlett bajó la mirada a su celular, lo desbloqueó sin prisa, y por un breve segundo vi cómo su mandíbula se tensaba. No supe si fue nervios, enojo o simple agotamiento, pero lo que vi me revolvió algo en el estómago. —¿Sí?— dijo, mientras se ponía de pie y caminaba hacia la ventana, dándome la espalda. No supe quién estaba del otro lado de la llamada, pero por el tono bajo y casi amable con el que comenzó a hablar, lo intuí. Su esposa. La palabra se formó en mi cabeza como una punzada seca. No podía escucharlo todo, pero las respuestas de Scarlett eran vagas, genéricas… y completamente opuestas a las que me daba

