Fue como si el tiempo se detuviera. Como si cada latido que me había dolido durante estos dos años se reuniera en ese único momento, en esa tensión insostenible entre nosotras. Scarlett seguía con esa mirada fija, vulnerable, rota… y rendida. No lo pensé. No lo planeé. Simplemente me lancé hacia ella. Mis manos en su rostro. Sus labios en los míos. Un beso que supo a todo lo que callamos, a cada noche vacía, a cada carta no escrita, a cada lágrima derramada en silencio. Fue urgente, necesitado, lleno de rabia, perdón, anhelo y amor. Un beso que desarmó cualquier defensa que me quedaba. Ella me sostuvo como si temiera que me esfumara de nuevo. Sus dedos se aferraron a mi cintura, y yo… me permití volver a sentir que era suya. Que siempre lo había sido. —Dios…— susurró contra mis labio

