Creí que los fantasmas se sentían con frío. Pero cuando la vi entrar a mi oficina, fue fuego. Fuego en el pecho, en la garganta, en los ojos. Evelyn Dawson. Mi mejor amiga. Mi conciencia. Mi mayor ausencia… Después de Sophie. Se veía igual, pero no. Ya no traía la dulzura en los ojos que siempre me ofrecía sin condiciones. Venía con mirada de juicio. Y yo, que podía romper a ejecutivos con una sola palabra, sentí algo parecido al miedo. —Hola, Scarlett— dijo, cerrando la puerta detrás de ella. No respondí. Solo la miré. Demasiadas emociones comprimidas en mi estómago. —¿Qué haces aquí?— pregunté con voz áspera. No porque quisiera alejarla. Sino porque no sabía cómo no romperme. Se sentó frente a mí. Cruzó las piernas con elegancia y dejó su bolso a un lado. Y luego lo sol

