La noche llegó con una sensación de complicidad y conexión entre Jake y yo. Después de un día de planificación y decisiones importantes, estábamos listos para disfrutar de un tiempo juntos, sin preocupaciones ni pensamientos intrusivos. Decidimos cenar en la habitación del hotel, donde la intimidad del entorno nos permitió relajarnos y disfrutar de la compañía del otro. Mientras compartíamos una cena tranquila, nuestras conversaciones giraron en torno a temas ligeros y anécdotas divertidas, alejándonos momentáneamente de la seriedad del día. Jake me miró con cariño y dijo: "Carla, esta noche es un recordatorio de que a pesar de los desafíos que enfrentamos, siempre encontramos momentos de alegría y complicidad. Nuestra historia es única, y estoy agradecido por cada momento que compartimo

