Capítulo 2

1356 Palabras
Salimos del aeropuerto con café en mano y nos sentamos esperar al hermano de Tina. —Enserio no puedo creer que no conozco a tu hermano —murmuré antes de llevarme el vaso de Starbucks a la boca. —Hay muchas cosas que no conoces de mi —murmuró. Nos miramos a los ojos unos segundos y comenzamos a reirnos a carcajadas. —Si, claro... —exclamamos al unisono, por lo que reimos el doble. —Ya pero hablando enserio, ¿por qué no lo conozco? Tina se encogió de hombros y suspiró. —Se fue a vivir a España antes de que tú y yo nos conociéramos. Noté un cambio radical en su animo al contarme. Parecía triste. No quise preguntar más. Yo sabía perfectamente lo que se sentía que alguien cercano se fuera lejos. Tenía ese sentimiento todas las semanas. —¿Has pensado que desde el lunes debemos volver al trabajo? —pregunté para cambiar de tema. Tina gruñó y terminó su café. —Juro que amo nuestra boutique, pero en este momento la odio... No puedo creer que hace unas horas estábamos en el caribe y ahora estamos aquí —movió la mano en el aire señalando nuestro entorno. Tina tomó su bolso y se paró frente a mi. —Quiero otro café. ¿Te traigo uno? Levanté el pulgar y busqué mis audífonos dentro de mi bolso. Tina me bajó la bicera del gorro y huyó. Sabiendo que si se quedaba un segundo más, la mataría. —Ay —exclamé fastidiada. Me acomodé el gorro y volví mi atención a mi celular para buscar la aplicación de música. Necesitaba una dosis de mi cantante favorito a la vena. Toqué donde decía Ricky Martin y al instante comenzó a sonar Perdóname. Cerré los ojos y tiré mi cabeza hacia atrás. ''Este silencio habla más que el ruido y cierro un pacto con la soledad. Ahora solo parto en este viaje, te mereces que te amen lo que yo no fui capaz'' Abrí los ojos cuando mi canción favorita terminaba, y lo que vi me encantó. A unos metros de donde yo me encontraba, estaba un hombre hablando por celular. Era guapísimo. Era alto y podía ver con claridad el azul de sus ojos. Era perfecto y tenía que ser mio. Lo observé unos minutos más y me dispuse a atarcar. Me puse de pie. Tomé mi bolso y mi maleta y caminé hacia él. El hombre, que acababa de terminar su llamada, levantó la vista y me vio. Estaba apunto de llegar hasta él, cuando escuché el grito de mi mejor amiga que unos segundos después estuvo entre nosotros. Tina me entregó los vasos de café y se tiró a los brazos del hombre misterioso. ¿De qué me había perdido? Oh, espera. ¡Mierda! Era el hermano de Tina. —Que rico verte —chilló Tina. El hombre, del cual sabía que era el hermano de mi mejor amiga, pero del cual no conocía el nombre; Sonrió y apretó a mi amiga contra su pecho. —Te extrañé, pequeña. La escena frente a mi era muy conmovedora. Ya hasta me habían dado ganas de tirarme encima de ellos y abrazarlos también. Pasaron largos segundos hasta que se separaron. Ambos tenían lagrimas en los ojos. —Brad, ella es mi mejor amiga Nicole —nos presentó. Brad sonrió y se acercó para darme un beso en la mejilla. —Mucho gusto, Nicole. Asentí sin decir nada. Aún no podía con la sorpresa. —¿Como lo reconociste? —preguntó Tina. —¿Ah? —Nicole, que ¿como lo reconociste? Te acercaste a él... Caí en cuenta de lo que me preguntaba y me puse nerviosa. —Eh... si. Es que... Se parecen. Pensé que sería tu hermano —mentí. Tina miró a Brad con admiración y agarró su brazo. —Si quieres puedes ayudarme... —murmuré moviendo uno de los vasos de café, frente a sus ojos. Tina se rió y me quitó un vaso. —Bueno, ¿vamos? —sugirió Brad. Ambas asentimos y comenzamos a caminar. —No podía creerlo cuando me dijiste que volvías a Nueva York —murmuró Tina a su hermano cuando ya nos encontrábamos arriba del auto. Ellos comenzaron a conversar, ignorando por completo mi situación de shock. ¿Como lo haría? Quizás Tina se enojaría si me acostaba con su hermano. Nunca habíamos conversado ese tema antes. Uno, porque yo no tenía hermanos y dos, porque yo no tenía ni idea de la existencia de un hermano de Tina. Mucho menos de uno tan sublime como Brad. —¿Niki? Salí de mis pensamientos y miré a mi amiga que me observaba divertida. —¿Qué te ocurre? —Es solo que aún tengo la cabeza en Puerto Rico —contesté, intentando sonar creíble. —Ay si, Yo tambien... que ganas de no habernos venido. Sonreí y asentí, agradeciendo que Tina entablaba una nueva conversación con su hermano, esta vez, de nuestras vacaciones en la Isla. Cuando Brad estacionó el auto frente a mi edificio yo seguía sin hablar. Brad me abrió la puerta y bajé del auto. —Gracias —murmuré mirando el suelo. El sonrió confundido y bajó mi maleta. —Gracias. Fue un gusto conocerte —le dije antes de caminar hasta la puerta del copiloto. —A ti te pasa algo y yo voy a averiguarlo —murmuró Tina con voz amenazante. Negué con a cabeza, fingiendo inocencia. —No sé a que te refieres. Solo estoy cansada —contesté. Me acerqué a la ventanilla para darle un beso en la mejilla y caminé hacia el edificio. Pero mientras me alejaba del auto, escuché algo que me hizo sentir estúpida. —Es un poco rara ¿no? —comentaba Brad a Tina. No quise escuchar nada más y camine aún más rápido dentro del edificio. —Señorita Ross, que gusto tenerla de vuelta —exclamó el nuevo conserje. Un chico de apenas veinte años que siempre me hablaba cuando me veía. —Hola Rick —saludé pasando frente a él. Se puso de pie super rápido y salió del mesón. —¿Puedo ayudarla con algo? ¿Le llevo la maleta? —preguntó acelerado e intentó quitarme la maleta. Me paré en seco y lo miré mal. —No, Rick. Gracias. El chico dio un paso atrás, asustado y asintió. Me metí en el ascensor cuando llegó y apreté el botón de mi piso. Lo único que necesitaba era llegar a mi departamento. Cuando las puertas del ascensor se abrieron corrí a mi puerta. La abrí y llené mis pulmones con el aire de mi lugar favorito. El olor a lavanda me inundó y me produjo felicidad y seguridad. Era lo que necesitaba. Tiré las llaves a la mesita al lado de la puerta y metí mi maleta dentro de mi territorio. —¡Por fin en casa! —grité y corrí al sofá. Me lancé en él y me acomodé entre los cojines. Cerré los ojos, feliz, y me relaje. Sin darme cuenta caí en un profundo sueño. Estaba a punto de llegar a la meta. Le estaba ganando a Usain Bolt en la categoría mixta del mundial de atletismo y de la nada aparecía Ricky Martin y comenzaba a cantar Drop It On. —j***r, ¡nunca termino los sueños! —me quejé contra la almohada. Me saqué el celular del bolsillo y contesté. —¿Durmiendo? —se burló Tina al otro lado de la linea. —Que molesta eres... —gruñí. —Bueno, voy a hacerlo rápido. Mañana voy a hacerle una fiesta de bienvenida a mi hermano, así que quiero que vengas. Asentí sin hablar. —¿Estás ahí? Asentí. —Digo... Si. Claro que iré. Al terminar la llamada me fui a dar una ducha. Necesitaba despertar un poco para aclarar mis ideas. Me gustaba mucho Brad. Tenía que ser mio a toda costa, pero tampoco podía pasar a llevar a mi mejor amiga. Era su hermano y tenía que respetarlo, pero es que era tan guapo. Mañana mismo iba a hablar con ella.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR