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Descripción

Nicole lo tiene todo, y lo que no, lo consigue. Tiene el dinero para conseguir lo material y la belleza para conseguir el hombre ideal.

Pero ¿Que crees que pasará cuando se de cuenta que lo único que quiere conseguir en la vida es a un hombre. Un hombre especifico. El hermano de su mejor amiga?

Ninguna de sus armas será suficiente cuando se entere del gran secreto que guarda el hombre que tanto desea conseguir.

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Capítulo 1
—¡No puedo creer que lo hicieras! —Ya está hecho. No hay vuelta atrás. Y no me arrepiento. Tiré mi bolso Louis Vuitton en la cama y me acomodé junto a él. —Enserio, me dejaste atónita —continuó Tina. Asentí agotada y cerré los ojos. —Niki, no te duermas y cuéntame —exigió con voz sorprendida. Levanté la cabeza y mantuve mis ojos cerrados. —Amiga, mañana te cuento todo lo que quieras, pero ahora déjame descansar... Ese hombre me dejó agotada. Escuché el suspiro de resignación de mi mejor amiga y luego como una puerta se cerraba. Hace unos minutos había tenido la mejor despedida a mis vacaciones. Había buscado al hombre más guapo de la fiesta en la playa, lo había seducido y había conseguido mi objetivo, como siempre. Había pasado el mejor rato en la cama con él. Gruñí contra el colchón y me paré de la cama. Antes de dormir necesitaba una ducha, y todavía tenía de terminar de empacar mi maleta. —Quiero entrar —golpeé la puerta del baño un par de veces. La puerta se abrió y de ella apareció Tina cepillándose los dientes. —Primero dime que pasó —murmuró erróneamente con el cepillo dentro de la boca. Se cruzó de piernas y se recostó sobre el marco de la puerta. Puse los ojos en blanco y la hice a un lado, entrando en el baño. —Nada del otro mundo... Más de lo mismo. Aunque tengo que reconocer que el hombre sabía moverse.  Puse mis manos en puño, las flexioné a cada lado de mi cuerpo y comencé a mover mi cadera adelante y atrás. Tina, al verme, estalló en carcajadas. Tuvo que taparse la boca para no escupir al aire toda la pasta de dientes que tenía dentro de su ella. —O sea que nada inolvidable... —suspiró y escupió en el lava manos— Yo pensé que ibas a pasar la noche con él. —Pf... Qué va. Fue un momento agradable, pero solo eso fue... Un momento. Ahora solo quiero darme una ducha rápida, terminar mi maleta y dormir, dormir y dormir. Tina sonrió mientras se bajaba los shorts y se sentaba en el wc. —No vas a poder dormir tanto como quieres. Nuestro vuelo sale a las once de la mañana, por lo que tenemos que estar a las nueve en el aeropuerto. Tenemos que levantarnos como a las siete, y eso deja un total de... —suspiró— cuatro horas para dormir. Claro, si te acostaras justo ahora. Puse los ojos en blanco, mientras gruñía enojada. Siempre era tan estructurada... —¿Tienes que ser siempre tan aguafiestas? —No soy aguafiestas, soy realista —y tras una ultima mirada acusadora, salió del baño. Me puse las manos en la cara y ahogué un grito de frustración. —Vamos por esas tres horas de sueño —susurré. Me quité la ropa y me metí en la ducha. *** Estaba a punto de ser Miss Universo cuando una fuerte alarma sonó. —No jodas... —susurré contra mi almohada. La alarma se apagó y cuando creí que estaba a punto de poder dormir nuevamente, el teléfono de la habitación sonó. —¡j***r! —grité. —Shhhh —me hizo callar, Tina. Levanté la cabeza de mi cómoda almohada y abrí los ojos a duras penas. El teléfono, sonaba cada vez mas fuerte, a mi parecer. —¿Quién? —gruñí al teléfono. —Eh... —la asustada voz de un hombre saludó— Buenos días... llama el servicio de despertador del hotel.  —Ah, claro. Pues ya me despertó, gracias. —Que tenga buen... —no dejé terminar al chico y colgué. Cerré los ojos y me acomodé nuevamente. —Levántate, Tina. Yo ya me bañé... —murmuré. Tina gruñó en respuesta y luego se levantó. En unas horas estaríamos volviendo a nuestro estilo de vida en Nueva York. Se habían acabado las vacaciones soñadas en el caribe con mi mejor amiga. Tendríamos que esperar un año entero para volverlas a repetir en algún nuevo lugar. —Nicole ya terminé... levántate —anunció la resacosa voz de mi amiga. Asentí y me acomodé más. —Niki, enserio.  Un proyectil impactó en mi espalda, haciéndome gritar. —Que idiota... ¿Cómo haces eso?  Me senté en la cama un poco desorientada y busqué lo que me había lanzado. Un cepillo de cabello. Tomé impulso y se lo lance de vuelta, pero gracias a sus buenos reflejos, pudo esquivarlo. —Perra —le grité cuando se escondió en el baño, muerta de risa. Me froté los ojos y bostecé. Era hora de levantarme. Me metí en el baño y me dí una rápida ducha. Metí las ultimas cosas en mi maleta y bajamos a desayunar. —No tengo estómago para comer. Te juro que todavía estoy borracha —murmuró Tina, poniendo cara de asco cuando pasábamos por en frente de los omelette. —Yo tambien. Solo quiero un jugo de naranja, muero de sed. Nos servimos jugo y nos sentamos en la terraza a admirar por última vez la belleza de la Isla del Encanto. Puerto Rico. A penas terminamos el jugo subimos a nuestra habitación a buscar las maletas. —No lo puedo creer... Fueron los mejores diez días de mi vida —susurré nostálgica. —Hora de volver a nuestra realidad —respondió Tina.  Asentí y salí al balcón. —Adiós, Puerto Rico. Fue lindo mientras duró. Levanté la mano y comencé a moverla en el aire, despidiéndome.  —Llegó el auto que nos llevará al aeropuerto —gritó Tina desde adentro de la habitación. Bajé la mano y con muy pocas ganas me metí en la habitación. Tomamos nuestras maletas y bolsos de diseñador y en silencio salimos de la habitación. *** Habíamos hecho el check-in sin problemas y ahora nos encontrábamos en la fila, listas para abordar la cabina first class. Cuando fue nuestro turno mostramos nuestros pasajes y pasaportes, y entramos en la manga que nos llevaba hasta el avión. —Voy a extrañar todo... Sobre todo el acento —comentó Tina. —Si. Sobre todo el acento —concordé. Ambas suspiramos. —Buenos días señoritas, bienvenidas a bordo. Levanté la cabeza al reconocer la voz del hombre que nos saludaba. —Oh por Dios... —susurré. La cara del hombre frente a nosotras lucía igual de sorprendida. No podía creerlo. El hombre con el que me había acostado la noche anterior, era el mismo hombre que iba a pilotar el avión que nos llevaría de vuelta a casa. ¡Era el Piloto! Bajé la vista rápido y empujé a Tina dentro del avión. —¡Es él!  —exclamó apuntándolo. La hice callar y busqué nuestros asientos.  —Si, es él. No vuelvas a mencionarlo. Me muero de la vergüenza. Nos sentamos e inmediatamente me volteé hacia la ventana.  No podía creerlo. Pasaría las próximas cuatro horas a diez mil metros de altura, a solo metros de distancia con ese hombre. Mi pudor me impedía poder estar tranquila. Cualquiera encontraría ridícula mi reacción. Me había acostado con él hace solo unas horas, pero tenía la respuesta. ¡Me había acostado con él solo, porque según yo, no lo volvería a ver nunca más en mi vida! Todas las personas abordaron el avión y, por fin, dieron el anuncio de despegue. —¿Crees que venga a saludarte? —preguntó Tina mientras hacían la demostración de seguridad. —Más le vale que no, si no quiere un show tremendo. Me puse el gorro de mi poleron y cerré los ojos. Aún tenía mucho sueño y necesitaba dormir. Ya llevábamos dos horas de vuelo y aún nos faltaban dos más, cuando una azafata se nos acerco con muy mala cara, y con dos copas de espumante en las manos. —Buenas tardes, señoritas.  —Hola —saludamos. —¿Quién de ustedes es Nicole? —preguntó. Parecía fastidiada. Cerré los ojos y maldije en silencio. —Yo —respondí al cabo de unos segundos. La azafata me miró de pies a cabeza y asintió. —Pues el capitán le manda saludos y me pidió personalmente que me encargara de entregarles esto. Nos entregó las copas de espumante y luego de su bolsillo sacó un bombón de chocolate, un papel y me lo dio. Cogí las cosas horrorizadas, bajo la atenta mirada de Tina y de la azafata. —Ábrelo —me animó Tina. Abrí la nota y leí en voz baja. ''Querida Nicole: Fue un verdadero gusto conocerte. Espero que nos volvamos a encontrar. Te dejo mi número para que me llames y concretemos algo. Besos, Ian.''  El papel era tan pequeño que en la parte trasera del mensaje, venía agregado el número. —Lo dejaste loco —chilló mi amiga. Me sonrojé y miré nuevamente el papel en mis manos. Luego levante la vista y noté la mirada de odio que me daba la azafata. Era claro que estaba celosa. —Gracias —murmuré y ella desapareció por el pasillo. —¿Lo vas a llamar, cierto? —preguntó emocionada. —No sé... Es super guapo, pero no es mi tipo —me encogí de hombros. —Que tonta eres —bufó. —¿Y por qué no lo llamas tú? —pregunté molesta. Tina me miró horrorizada. —Que ridícula. Yo tengo mi hombre. Me voy a casar, que no se te olvide —exclamó enseñándome su anillo de compromiso. —Una aventurita antes de casarte no te vendría mal —bromeé. Tina ahogó una exclamación pero luego comenzó a reírse. —No tienes arreglo, Nicole. —Claro que no. Soy Nicole Ross, no lo olvides —le guiñé un ojo y me puse mis audífonos.

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