Epílogo. Despierto con una resaca de los mil demonios pero me levanto sin rechistar. No tengo tiempo para eso, ya que hoy es el día de mi boda y quedan mil cosas por hacer. Me meto en el baño y me doy una rápida ducha. Cuando entro en la cocina están todas las chicas desayunando con unas caras horribles, menos Tina que fue la que no bebió. — Qué caras... —comentó mientras me siento a desayunar. — No digas mucho que la tuya no está mejor que la nuestra —se burla Natalia. Ruedo los ojos y recibo los ibuprofenos que me entrega Tina. Le agradezco y le tiro un beso. Desayunamos rápidamente y nos ponemos nuestros lentes de sol, que hoy serán nuestros mejores amigos. Tomamos nuestros bolsos y salimos de la casa de Tina. Lo primero en la lista es ir a verificar que el lugar en donde será la
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