Desperté con el llanto de Bruno. — ¿Qué pasa cariño? —pregunté con voz ronca. Me senté en la cama y lo puse en mis brazos. — Tiene hambre el gordo —me reí. Lo acomodé, tomé mi celular y salimos de la cama. — Ay, me asustaste —me quejé al toparme de frente con Bradley. Me miró de pies a cabeza y sonrió. — Venia a dejarle la leche a Bruno —murmuró mirando a nuestro pequeño. Sonreí y le quité la mamadera de las manos. — Hace un lindo día, vamos a tomar la leche en la terraza ¿cierto? —pregunté mirando a Bruno, que me sonreía mostrando sus encías y su asomado diente. Ya casi se le podía ver. Pasé por el lado de Bradley, esquivándolo y bajé la escalera, caminando directamente a la terraza. Podía sentir como caminaba casi pegado a mi espalda y eso me hacía sonreír. Sabía que Bradley

