Capítulo 2

3758 Palabras
Buenos Aires   —¿Lo golpeaste? —curiosea Lina en cuanto Tony traspasó la puerta de su habitación. Lo estaba esperando desde la noche anterior cuando se fue a buscar a Ian para que le contara todo, y también golpearlo como le había pedido. Alex estaba sentado en la cama a su lado con Aye en su regazo viendo una película de aventura "Los vengadores: la era del ultron"; Erik y Sole llegaban detrás de Tony ya que el primero los fue a buscar al restó. —Lina —advierte Alex. —¿Qué? No me digas que no lo golpeaste —espeta, exagerando. —Mamá —ahora es la hija quien llama su atención y ella rueda los ojos. Sole sonríe y se adelanta para sentarse al otro lado de Lina. —No lo golpeé, no hizo falta. Él sólito se dio cuenta de todo y la fue a buscar —explica el boricua. —¿Cuándo se fue? —cuestiona Lina —Le conseguí un vuelo recién para esta mañana, así que, va a estar llegando cerca de media noche —anuncia Gaby entrando también a la habitación. —Pero esta es la habitación del pueblo —Se queja Lina al ver que todos se habían instalado en diferentes puntos, no tan lejanos y se acomodaban a ver la película. Alex la escucha y le regala un sonoro beso en la boca para que no dijera nada indebido—. Sigo pensando que deberían haberlo golpeado —entona, cruzándose de brazos. —Lo va a golpear la abuela de Sofi, no te preocupes —la tranquiliza Tony. —¿Tan perra es? —curiosea Sole. —Por lo que tengo entendido. Sí; muy perra. —No me digas que lo tendría que haber mandado con refuerzos —bromea Gaby. —Ian sabe cuidarse —asegura Erik. —Dejen de hablar de los ausentes —reprende Alex. —Tú quieres que nos callemos para poder escuchar la película —asegura Erik. —Que inteligente —farfulla Alex—; ya sabes que hacer. Todos se ríen y luego se concentran en la película dando el tema de Ian como zanjado. Al menos por el momento. —Voy a buscar chocolate —le susurra Sole a Erik y se levanta para salir. —¡Trae papa fritas! —grita Lina. —¡¡Trae chetos!! —grita Aye. —¡¡Trae helado!! —grita Gaby—. ¡¡Ah, y cerveza!! —Pero que los pario a ustedes, tengo dos manos —chilla Sole. —Mejor la ayudo —enuncia Erik saliendo detrás de su mujer y ambos bajan a la cocina. Una vez allí comienzan la labor de buscar todo lo pedido. —Estaba pensando —suelta Sole, mientras saca las cervezas de la heladera y Erik buscaba las papas en la alacena. —¿Eso es bueno? —Sole le clava cuchillos con la mirada—. Digo, en tu estado… —Erik —chilla ella y él sonríe. —Dime en qué pensaba —curiosea poniendo las papas en un cuenco. —En la despedida de soltera de Lina —contesta. —¿Me incluye? —cuestiona sacando los chetos para hacer lo mismo que con las papas conforme Sole sigue con la cabeza metida en la heladera buscando algo con chocolate. —Puede ser —responde—. Aja —exclama cuando encuentra una barra de chocolate amargo. —Muero de intriga —le hace saber posesionándose a su lado. —Bueno, pensaba que cuando venga Sofi con Ian. Porque sabemos que van a volver y juntos… —Si Ian hace las cosas bien —interrumpe Erik. —Si Ian hace las cosas bien —concuerda Sole—. Bueno, como sea, cuando estén todos, hacerle una despedida de soltera a Lina. Cuando ella se recupere también, no nos olvidemos que no puede hacer esfuerzo. Me gustaría llevarla a un club de strippers —suelta y Erik la mira detenidamente. —Tres puntos que te olvidas —indica el joven. —¿Cuáles? —inquiere ella chupando uno trozo de chocolate. Erik levanta la mano y comienza a contar. —Yo, Alex, Ian —cuenta tres dedos. —¿Eh? —Estás delirando si piensas que voy a dejarte ir a unos de esos clubes y los chicos tampoco van a querer que vayan sus mujeres a un lugar de esos y no nos olvidemos que estas embarazada, te quedan pocos meses y no quiero que tengas algún problema con el embarazo. —No voy a tener algún problema con el embarazo por solo mirar a unos tipos desnudarse mientras bailan —se queja la pelirroja. —No, Sole, eso no va a pasar; no vas a ir a un lugar de esos, ni de broma —asevera Erik. —No seas troglodita —espeta la pelirroja. —No lo soy, solo cuido lo mío —se defiende él. —Eso es lo más machista que te he oído decir. No soy un objeto. —No lo eres. Eres una mujer, la mujer más hermosa de la tierra. Mi mujer. Y yo cuido de mi mujer. —Ahora me estas queriendo embaucar —entona rodando los ojos. —No necesito hacerlo —La besa con ternura en la boca saboreando el chocolate en ella y luego se lleva el labio inferior con él. Ella da un respingo y él se separa mirándola asustado—. ¿Te lastimé? —se preocupa, mientras observa el labio, buscando algún rastro de sangre. —No. Me pateó —le murmura llevando la mano de él a su barriga. El bebé pateó un par de veces más y comenzó a moverse. Ellos al sentirlo se miraron y sonrieron. Erik se agacha y presiona su oído en la barriga sintiendo los suaves movimientos de su bebé. —Va a ser un jugador de fútbol americano —anuncia el joven. —Eso no va a pasar; va a ser un jugador de básquetbol. Igualito a Manu Ginobili —refuta Sole. Él se ríe y sin quitar su mano de la abultada barriga, se acerca a su boca y la vuelve a besar con suavidad. Luego de unos minutos regresan a la habitación, reparten los suministros y se acomodan a ver la película. Cuando termina la película Aye ya se había dormido sobre Alex. Él con cuidado la toma en brazos y la lleva a su habitación. Cuando vuelve, todos estaban hablando al mismo tiempo. —¿Qué tanto parlotean? —inquiere. —Están tomando turnos para patear a Ian —suelta Erik divertido. —¿Otra vez con él? —Alex rueda los ojos—. ¿Por qué no lo dejan en paz? Ya Sofi se va a encargar de él. —Ella no le va a hacer nada —bufa Sole. —Yo apuesto a que sí —canturrea Gaby. —Eso, hagamos una apuesta —lanza Lina y todos la miran extrañado—. Apostemos cincuenta a que ella le da su merecido. —Nada de apuesta —dice Alex con tono serio. —Entro —salta Gaby ignorando a Alex. —Yo también —apuesta Tony. —Si no queda otra —se eleva de hombros Erik. —Mas vale que le haga algo —se guaza Sole sumándose a la apuesta. Todos quedan mirando a la única persona que faltaba. —Bien, bien. Entro. Pero ya dejen el tema Ian/Sofi por esta noche. —Bien, entonces hablemos de Gaby y esa chica que nombraron la otra noche con Ian —sugiere Lina con la maldad tiñendo sus ojos y sus palabras. —No hay ninguna chica —espeta el aludido. —¿Cómo era que le decías…? —Erik finge pensar—. Ah, sí, "La chica vampiro". Era así, ¿verdad? —Ya les dije que con esa chica no pasa nada, ni siquiera nos podemos mirar, somos como perro y gato. Nos odiamos —expone el morocho. —Del odio al amor hay una delgada franja —cita Lina. —Y del amor al odio hay un solo paso —refuta Gaby. —Que cabezota —masculla Tony y Gaby clava la vista en él. —¿Por qué no hablamos de ti, Tony? —esboza con supremacía. —¿De mí? —consulta, incrédulo. —Sí. De ti y del oficial Soria —le hace saber. —¿Quién es él oficial Soria? —pregunta más confundido todavía y todos los demás observaban expectantes la disputa. —El que te atendió cuando fuiste a buscar a Ian a la estación —responde con una calma explícita de la cual hay que temer. —Y qué pasa con él, es decir ni lo conozco. No entiendo que tienen que ver conmigo —infiere el boricua. —No te hagas —canturrea el morocho sonriendo—. Yo escuché cuando te pidió tú número para invitarte un trago. Pillin —bromea. Tony abre y cierra la boca un par de veces, ni siquiera sabía que Gaby había escuchado tan bien algo que él escucho distorsionado. Efecto provocado por los nervios que le causó esa mirada avellana. —¿Qué tienen los policías? —espeta Sole. —No son los policías, a Tony le gusta todo lo que lleve uniforme —exclama Lina. —Tú piensa que a él… Bueno si a él le gusta… —tartamudea Tony y Gaby lo interrumpe. —Lo que quieres saber es si patea para el otro lado —adivina, divertido. —Ustedes y sus expresiones —mofa Tony haciendo que los demás se rían. —No lo sé, Tony —se eleva de hombros—, pero si te pidió tu número debe ser. —¿Trabaja contigo y no lo sabes? —No ando como vieja chusma metiéndome en la vida de los demás. —Bien que te metiste en la mía en su momento, al igual que una que conozco, que estoy mirando y no quiero nombrar —replica el boricua mirando a Lina. —Ya te expliqué los motivos —se defiende Gaby. —¿De qué hablan y por qué me siento en el medio de esa discusión? —interviene Lina. —Está enojado y resentido porque lo investigamos cuando vino a trabajar al restó —le explica Gaby. —No estoy resentido —manifiesta Tony. —No parece. —Tenía que cuidarme y cuidar de mi hija, Tony; ya conoces la historia y como ves —Abre sus brazos dejando ver su cuerpo—, todavía no estamos a salvo por completo y, dudo mucho que alguno día lo estemos —termina, murmurando. Alex la pega a su cuerpo. —Todo va a pasar —le susurra. —Ya va a terminar, Li; no te preocupes —le asegura Gaby. Luego de ahondar el tema de Ian y Sofi y, Gaby comunicarle que todavía no daban con el paradero de Santiago, el hermano de Rafa, y ahora que Ian había ido a arreglar las diferencias con Sofi a Italia, iban a tardar un poco más en esa búsqueda, cada uno partió a sus hogares dejando a Lina y Alex solos y cansados de que los problemas no cesen. Alex acurrucó a Lina contra su cuerpo pegando su pecho en la espalda de ella, envolviéndola con sus brazos. La oye suspirar, por lo que le besa los cabellos. —¿Qué pasa, Ángel? —le pregunta suavemente. —¿Crees que algún día los problemas se acabaran? —curiosea, sonando angustiada. —Si eso pasara no aburriríamos —bromea él. —Hablo en serio —ahora fue su turno para suspirar. —No lo sé, Ángel. Espero que sí —Ella se gira quedando frente a él. —Te metí en muchos problemas, ¿verdad? —ondea escrutando el rostro masculino con sus dedos. —Siempre hay problemas, así es como funciona —le quita importancia. —Pero tenías tu vida controlada y bien organizada; yo llegué y te di vuelta… —Alex no la deja terminar, corta su parloteo juntando su boca con la de ella. —Tú llegaste y me diste vuelta toda mi vida. Tienes razón —murmura sobre su boca, le da otro suave beso—, pero fue lo mejor que me pudo pasar. Mi vida no tenía nada, estaba vacía y tú junto con Aye, le dieron sentido a todo; me hicieron ver las cosas de diferente manera. Yo solo trabajaba y andaba con diferentes mujeres cada noche —ante ese comentario Lina frunce el ceño y él sonríe robándole otro beso—. No tenía por quien preocuparme, por quien velar… No tenía a quien amar —susurra—. Tú me diste todo lo que me faltaba y mas también. Me diste por quien preocuparme, por quien velar y a quien amar. Me diste una familia maravillosa y nuevos amigos fieles y con fuertes códigos. Tenemos problemas, sí, pero eso no es nada a comparación con todo lo demás que me diste —Ella le sonríe todavía sin dejar de acariciarle el rostro, él ladea la cabeza para besar la palma de su mano. —Estas hecho un poeta —bromea, haciendo que Alex se carcajee. —Tonta —la besa antes que ella pueda defenderse. La besa con profundidad ratificando todas las palabras que le había dicho. Se pierden en un beso lleno de pasión y amor. Un beso como a Lina le gusta que su hombre le dé. Ese beso se convierte en algo más y de sus cuerpos comienza a emanar un sublime calor envolviéndolos a ambos. Lina lo toma de la nuca llevándolo más a ella. Alex lleva una mano a las caderas femeninas y la pega a su cuerpo. Pero Lina se queja del dolor y él se separa rápidamente. —¿Estás bien? —le pregunta con la voz ronca por la pasión. —Mi maldita costilla —refunfuña. —Creo que será mejor esperar unos días más —expresa acomodando un mechón rebelde detrás de su oreja. Ella inspira. —Esto es una mierda —masculla y Alex se ríe. —Te lo voy a compensar. No te preocupes. —Mas vale que te cuides cuando me recupere —le advierte divertida y él se carcajea. —Tú también —la vuelve a besar y luego la acomoda como estaba antes, casi obligándola a que se duerma.   Italia…   Italia lo recibía con una honorable lluvia. Cosa que hacía peor a sus sentimientos. La lluvia, la hora, el lugar, el estar tan lejos de casa, el estar solo, el saber el porqué de ese viaje, no le ayudaban de mucho. Pero tenía que sacar valor y continuar hasta concluir con su cometido. Inspirando profundo, comenzó a caminar para retirar sus maletas, luego caminó a paso lento y firme hacia la salida del aeropuerto en busca de un taxi que lo lleve al hotel, en el cual Gaby le había reservado una habitación. Una vez afuera, buscó un taxi para que lo llevara a su destino. Con la mirada perdida en las calles de Milán, viendo sin ver el aguacero que caía en la ciudad; se encontraba ensimismado en sus recuerdos y en todo lo que le habían contado con respecto a Sofi y, por supuesto en todo lo que le faltaba saber con respecto a ella. Al llegar al hotel bajó del taxi con su maleta en mano y corrió dentro del establecimiento para tratar de esquivar lo mejor posible la lluvia. Se anunció en recepción y una vez que tuvo las llaves de su habitación en mano se dirigió a ésta. Con todo el cansancio físico y mental se desplomó sobre la cama. Sin quitarse nada más que el saco que arrojó en una silla que se ubicaba en un rincón. Quedó tendido mirando el techo, sin saber bien cómo continuar. Sus pensamientos lo llevaron al primer día que conoció a Sofi en el restó de Lina «Maldita Lina y sus ideas», pensó para sí mismo. Ese día ella estaba nerviosa y sonrojada, se veía hermosa con el leve rubor en su rostro por la timidez que le causó su acercamiento. Luego se adentró más a sus recuerdos, la primera vez que hablaron de verdad, en la boda de Erik y Sole, cuando ella estaba en medio de todos esos niños haciéndolos reír y asombrándolos con sus figuras hecha con los globos. Inevitablemente se deslizó hacia el otro día cuando fue a su casa con la patética excusa de llevarle los globos que ella se había olvidado; pensó en ese primer beso que le robo, al que ella al principio no correspondió y luego se abrió para que él pudiera explorar esa hermosa boca suya. Vagó al día del dulce de leche, ya no iba a ver ese dulce de la misma manera, ahora cada vez que lo nombraran (que en ese país, era muy frecuente) o que lo usaran para algún postre o desayuno, lo iba a transportar a ese día cuando ella fue de él por primera vez… Ian sacude la cabeza, ya no queriendo seguir con la máquina del tiempo y menos a los días que la hizo suya. Con un sonoro suspiro, se levanta pesadamente de la cama y camina hacia el barcito que hay debajo de una cómoda, saca un vaso, el wiski y se sirve dos dedos. Lo bebe de un solo trago y vuelve a servirse, esta vez llenándolo un poco más. Con el vaso en una mano y el wiski en la otra camina de nuevo hacia la cama, deja las cosas sobre la mesita de noche y comienza a quitarse los zapatos, sigue por las medias, luego el polar y así hasta quedarse solo con su bóxer blancos. Apoya la espalda en la cabecera de la cama y mira fijamente su bebida, definitivamente no tenía ganas de seguir bebiendo. Sus párpados comenzaron a pesar y el cansancio empezó su camino hacia los brazos de Morfeo. Sin darse cuenta se estaba quedando dormido, medio sentado sobre la cama, cuando su celular comenzó a sonar. —Hey, querubín. ¿Ya estás en el hotel? —curiosea Gaby en cuanto Ian atendió la llamada. —Sí, de hecho, me estaba por dormir. —¿Sabes que lo que estás haciendo es para escribir una novela? —se burla el morocho. —¿En serio’ ¿Solo llamaste para burlarte? —No solo para eso, sino también para desearte éxito en tu cruzada. —Sigue sonando como una burla, Medina —esboza rodando los ojos. —Solo no la cagues, Russel —dice con tono serio. Era lo más lejos a la seriedad que iba a encontrar por parte de Gaby. —No lo haré. La llamada finaliza y el rubio se acomoda bien en la cama para poder descansar antes de enfrentar a Sofi y sus secretos.   Años antes… —¿Esa era la chica que golpeaste con la pelota? —le preguntó Alex a su primo, en cuanto el chico llegó a ellos, luego de que Sofi lo dejara hablando solo. —Así es; era ella. —¿Y cómo se llama? —quiso saber su amigo Erik. —No lo sé —respondió bajando la mirada. —¿Estuvieron un buen rato hablando y no sabes su nombre? —cuestionó Erik sin comprender el motivo por el cual su amigo no sabía cómo se llamaba la joven—. ¿No te quiso decir su nombre? —Quizás está enfada por el pelotazo ­—sugirió Alex, pensando que la pregunta de Erik era más acertada. —Nada de eso —Al ver que lo miraban expectante se dignó a explicar—. Nunca le pregunté el nombre. Yo no sé el de ella y ella no sabe el mío —aclaró. —¿En serio, Ian? —cuestionó Alex—. Así es como se empiezan las conversaciones: Hola, soy Ian y ¿tú cómo te llamas? —No te burles, Alex. Habían llegado al hotel donde se hospedaban e Ian seguía pensando en esa chica, se recriminaba mentalmente por no preguntarle el nombre y moría de curiosidad por conocerlo. Al día siguiente debían volver a Estados Unidos y esperaba verla, aunque sea un momento para poder calmar su intriga, ni siquiera sabía en qué hotel se hospedaba para perseguirla o espiarla si era necesario. De igual manera, en cuanto el sol salió, se apresuró a ir a la playa para ver si la encontraba allí; se pasó horas sentado en el mismo lugar en que la había golpeado con la pelota, pero la joven jamás apareció. Derrotado comenzó su camino hacia el hotel, debía preparar sus cosas para volver a casa. De seguro se iba a tener que aguantar las burlas de su primo y amigo, pero que va, así se había dado la situación. Conforme pensaba cómo esquivar a su primo y amigo, escuchó una risa que llamó su atención. Allí estaba la joven, riendo del brazo de una mujer mientras miraban vidrieras. Sofi estaba con su madre, cómo iba a hacer para acercarse sin quedar como tonto, en ese momento, la suerte se puso de su lado, la madre de Sofi entró a la tienda, mientras la joven seguía observando la tienda; Ian tomó coraje y caminó hacia ella. —Hola —Sofi lo miró sorprendida, pero le correspondió el saludo—. ¿Cómo terminaste tu cumpleaños? —quiso saber. —Bien —Sonrió ella—. Con mis padres fuimos a caminar y ahora estamos haciendo unas compras con mi mamá. ¿Tú que haces? Ian agachó la mirada sospesando qué responder. —Yo… Bueno, esta tarde volvemos a Estados Unidos. —Oh… —Sí, nos conocimos en mi último día aquí —Se produjo un silencio en donde se podía notar que ambos estaban tratando de descifrar como seguir. —Bueno, quizás nos volvamos a encontrar en algún otro momento. Ian le sonrió. —Algún otro verano —soltó con esperanza—. Pero no sé cómo… —¿Cariño? —interrumpió la madre. —Mamá. —Ya tengo el traje para tu padre, ¿vamos? —Sí, por supuesto —se apresuró a decir. Le sonrió a Ian y dejó suelto en el aire un “Nos vemos”, olvidándose por completo que no lo volvería a ver. —Otra vez se fue y no le pregunté su nombre —gruñó dándose una palmada en la frente—. Estúpido.  
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