El amor es un duende. El amor es un demonio. No hay ningún ángel maligno, excepto el amor.
William Shakespeare.
Tony traspasa las puertas de la estación de policía con todo su glamour, buscando con la mirada a su objetivo. Sin poder encontrarlo se dirige hacia el mostrador donde un efectivo se encontraba inmerso en su ordenador. Éste al sentir una presencia cerca, levanta la vista para ver de qué se trataba. Al ver a Tony con su barbilla levanta, el ceño fruncido, cruzado de brazos y vistiendo con colores ligeramente alegres, se sonríe de costado y se quita los lentes.
—¿En que puedo ayudarlo? —entona el policía.
—Busco al agente Ian Russel —contesta Tony un tanto incomodo.
—¿Y usted es…?
—Un amigo —se limita a responder.
—Necesito su nombre —pide el policía. El boricua guarda silencio perdido en los ojos avellanas del policía—… y su número de teléfono —murmura.
Tony abre grande los ojos y la boca.
—Tony… Tony Delgado —balbucea—… y para qué necesita mi número de teléfono? —Entorna los ojos tratando de sonar indiferente.
—Para invitarle una copa —contesta elevando los hombros. Tony abre la boca para responder, pero su nombre suena a su espalda cortando cualquier cosa que vaya a decir.
—¿Tony, qué haces aquí? —interroga Gaby preocupado—. ¿Pasó algo?
—Sí, pasó algo y Lina me envió a hablar con Ian, ya que ella no puede moverse, me mandó como intermediario. Y ahora soy yo el que tiene que golpear a Ian por parte de Lina —Esta declaración hace carcajear al policía que está detrás del mostrador y el boricua lo mira de reojo, el policía tose simulando la risa y finge seguir en el ordenador.
—¿Qué hizo ahora para que Lina quiera golpearlo? —cuestiona el morocho divertido.
—Sofi —suspira y Gaby asiente.
—Vamos —Lo toma del brazo y lo lleva hacia donde se encuentra el escritorio de Ian. El rubio al verlos acercarse se levanta como un autómata.
—¿Te pasó algo? —indaga Ian mirando a Tony y a Gaby alternativamente.
—No, a mí no —contesta el boricua mirándolo con cara de pocos amigos.
—¿Y entonces? —pregunta arrastrando las palabras.
—Es Sofi.
—¿Qué ocurre con ella? —lanza, asustado y comienza a buscar las llaves de su jeep y sus cosas para ir a buscarla.
—Se fue —al escuchar eso, Ian queda paralizado en media búsqueda y traga en seco.
—¿Se fue? ¿A dónde? ¿Cuándo? ¿Por qué? —escupe todas las preguntas sin respirar.
—A Italia. Hace un par de horas y el por qué ya lo sabes —sisea lo último demostrando si enojo.
—No es mi culpa —gruñe apuntándolo con el índice.
—Ah, ¿no? ¿Y de quién, entonces? —brama Tony.
—Tranquilos —interviene Gaby—. Será mejor que nos sentemos y hablemos de lo que pasa.
—Bien —dice Tony desganado.
Todos se sientan pesadamente y Tony e Ian no se quitan los ojos de encima, desafiándose con la mirada. Gaby suspira al mirarlos y se dispone a hablar primero.
—Tony, cuéntanos que te dijo Lina —le pide.
—Me llamó para que le diera una tunda —señala a Ian con la cabeza y él aludido resopla.
—Tony —advierte Gaby divertido.
—Me contó que Sofi se iba o se fue, no sé bien, a Italia para arreglar sus cosas ahí y para que Mateo conozca a su abuela y…
—¿A su abuela? —interfiere Ian.
—Sí.
—¿Sofi tiene una abuela? —pregunta, desconcertado.
—Pues claro que tiene una abuela —esboza, mirándolo como si Ian fuese estúpido.
—No lo sabía —masculla el rubio.
—Hay muchas cosas que no sabes —réplica el boricua.
—Porque ella no quiere contarme nada, porque no confía en mí.
—Por algo debe ser —farfulla Tony.
—Yo —suspira para calmarse—… yo confíe en ella, jamás le oculte nada, pero no fue reciproco. Pero eso ya lo sabes.
—Ella no te contó nada por vergüenza y miedo.
—Vergüenza y miedo —Ian suelta una carcajada forzada—. ¿Vergüenza a decirme que tiene una abuela? ¿Miedo a que la quiera conocer? No seas ridículo. ¿A que puede tener miedo y vergüenza? —Tony suspira y menea la cabeza.
—No lo entiendes.
—Explícame —exige.
—Sofi tiene vergüenza por las estupideces que le dice su abuela, teme que tú pienses como ella y la trates de cobarde o de tener poco sentido común…
—Pues ya pienso eso. Desde el momento que se larga sin decir nada, se está escapando.
—Ian —llama su atención Gaby—, deja que hable.
—Sofi no es ninguna pobretona… Ella tiene un buen status económico. Su familia es muy importante en Italia y en otros países…
—¿Sus padres están muertos, como me dijo?
—Sí. Murieron en un accidente automovilístico hace unos años —contesta—, de ahí viene todo el problema. Ella salía con un tipo, él no la quería y ella estaba enamorada de él, al menos eso es lo que ella pensaba en ese momento, era joven y podría estar confundida. Pero la relación de ellos no era más que una pantalla, solo que ella no lo sabía, estaba cegada por el hombre y por su familia… Su relación solo era por bien de la empresa de los padres de ellos. Pero un día… —Se detiene no queriendo seguir con ese relato—… un día ella se da cuenta de las cosas y decide terminar con él y con todo lo relacionado con la empresa. Sofi viene a Buenos Aires a la casa que tenían sus padres aquí a empezar de nuevo y sola. Pero a la semana la llaman anunciándole que sus padres tuvieron un accidente. Ella vuela a Italia, pero cuando llegó ya era tarde, habían muerto en la sala de operaciones —Se escucha el susurró de Ian "Dios" y Tony asiente—. Ella tenía que hacerse cargo de la empresa de su padre, pero solo tenía 21 años, era una cría y no quería seguir los pasos de su padre, jamás le intereso la empresa, ni nada que se relacionara con ella. Decía que esa empresa le hizo perder tiempos muy valiosos a su padre y no quería lo mismo para ella. Por lo que se la legó a su abuela y parte de la fortuna que le correspondía a ella por derecho y volvió a Buenos Aires dejando todo atrás. Es algo que la abuela nunca le perdonó, pero calló al darle parte de esa riqueza… La abuela es una mujer fría y superficial, no le importa otra cosa más que el dinero y los lujos… Sofi nunca se sintió cómoda con todo eso, siempre fue diferente y lo dejo todo para seguir su sueño. Está estudiando enfermería, y hace pasantías, es lo que a ella le gusta. Comenzó tarde a estudiar porque antes debía conseguir un trabajo y un lugar donde vivir…
—Por eso trabaja con Lina —asegura Ian.
—Sí. Antes tuvo otros trabajos, sin embargo, nada la convencía, no se sentía cómoda y necesitaba más tiempo para poder estudiar, esa es una de las razones por que comenzó a destiempo a estudiar, pero debía soportar el trabajo que tenía para pagarse la comida, el alquiler y…
—Pero si vino a la casa de los padres. ¿Por qué debería pagar alquiler? —interrumpe Ian.
—Por lo que te dije antes. Ella quería y quiere ganarse todo por si sola.
—¿Y qué pasó con la casa de los padres? —indaga el rubio.
—Ya sabes lo que pasó con esa casa.
—No. No lo sé —murmura Ian sin comprender.
—Si lo sabes y la conoces —le señala, echándole una mirada significativa.
—El hogar —susurra.
—Sí. Ella lo convirtió en un hogar. Todos esos chicos tienen un techo gracias a ella y la gente que trabaja ahí, tienen un trabajo gracias a ella. Para lo único que tocó y toca el dinero de su familia es para gastarlo en ellos. Reformó la casa para que fuera aprobada como una casa de acogida y para pagarles a los que trabajan allí —concluye.
—Pero… ¿Por qué…?
—¿Por qué no te dijo nada? —inquiere Tony y él asiente—. Porque tenía miedo que le dijeras que tenía poco sentido común, como tanto le recalcó su abuela, ella temía que la tratarás de ingenua…
—Pero, ¿cómo iba a hacer una cosa así? ¿Es… Es algo hermoso lo que hizo; un poco alocado, sacrificarse de esa manera en un país nuevo, pero fue lo más valiente que he escuchado, no puede pensar que yo pensaría mal de ella.
—Sofi es muy susceptible gracias a su abuela, ella siempre la manejó a su manera y nunca le dio su apoyo, siempre la trato como una niña ingenua e insegura y cuando sus padres murieron la llamó ingrata por no hacerse cargo del legado de su padre; por despreciar su apellido y temía que tú también pensaras igual, de hecho, siempre tuvo miedo en que cualquiera piense de esa manera con respecto a ella.
—Yo jamás pensaría eso.
—Su miedo es que le digan que nunca quiso a sus padres.
—Eso es una estupidez.
—Pero es la verdad —Se eleva de hombros.
—Confió en ti para contarte —Señala a Tony y luego mira a Gaby—… y seguro que en Lina y en mí no confió— Tony y Gaby niegan con la cabeza.
—En mí no confió —le hace saber Tony—. Yo la conocí cuando vino la primera vez a Buenos Aires, al principio estaba renuente a hablar con alguien, trabajamos juntos en un pub y de a poco nos hicimos amigos, después de un tiempo ella recibió un llamado de la arpía de la abuela y por casualidad yo escuché y no le quedó otra que contarme lo que pasaba, ya que tenía que viajar a Italia a firmar unos papeles. Pero me costó muchísimo para que larga prenda —explica.
—En Lina tampoco confió y ni hablar de mi —suelta Gaby sonriendo. Ian lo mira esperando que cuente su relato, por lo tanto, toma aire para contarle—. Cuando ella se presentó en el restó al igual que Tony, los investigamos —Mira a Tony que se tapa la boca al escuchar eso—. Lo siento, amigo —Le palmea la espalda—. Lina en ese tiempo corría peligro y no podía arriesgarse. Ella quería abrir el restó, pero Lucas no quería que se exponga de esa manera, pero ya saben cómo es Lina —Se eleva de hombros—. Bueno, Lucas accedió, pero solo si investigábamos a los que ella quería contratar, a Lina mucho no le gusto esa condición, pero termino aceptando. Descubrimos quien era Sofi y tanto como a nosotros y a Lina nos parecía raro que una mujer con tanto dinero quiera trabajar en un restó, que ni siquiera había abierto las puertas. Lina la quería en su grupo, por lo que la llamamos y la entrevistamos los tres. Como ella no decía la verdad, solo que había venido desde Italia, Lina le contó su vida a la propia Sofi. La chica no sabía dónde meterse al escuchar que Lina le relataba la vida que ella no quería contar y luego comenzó a llorar. Cuando se calmó nos explicó, lo que Tony te acaba de explicar y un poco más. Le tuvimos un ojo cerca por varios meses, ya sabes cómo era Lucas de desconfiado —le dice a Ian—, y luego nos dimos cuenta que en verdad no era un problema para Lina por lo que se quedó y ellas se hicieron muy buenas amigas. Bueno, todos se hicieron muy buenos amigos —concluye mirando a Tony.
—Esto es una locura —murmura Ian.
—¿Qué piensas hacer? —indaga Tony.
—No lo sé —contesta soltando el aire Ian.
—Yo, sí —salta Gaby.
—¿De qué hablas? —Pregunta Ian.
—Vas a buscarla —entona despreocupadamente.
—Ni siquiera sé si ya llego a Italia, ni mucho menos donde vive —masculla Ian.
—Eso es fácil. Somos polis —comenta lo obvio.
Después de veinte minutos de rastrear a Sofi, obtienen que ella ya había salido del país, ya estaba en viaje a Italia. Localizan su dirección en Milán, en Porta Garibaldi, más precisamente, en donde sus padres vivían y ahora vive su abuela. La señora Regina Stagnaro.
—Oigan —llama Gaby y los dos hombres se giran a observarlo—, hizo una extracción de tres millones hoy por la mañana.
—¿Qué? —dicen al unísono Ian y Tony.
—Lo que oyeron. Pidió esa cantidad hace tres días y hoy por la mañana se la otorgaron —explica el morocho.
—¿Para qué quiere esa cantidad? —cuestiona Ian.
—¿Habrá hecho alguna remodelación en el hogar? —sugiere Tony.
—No creo que necesite esa cantidad —contesta Gaby.
—Y si se iba del país seguro que para lo que ella necesite mientras este allá —suelta el boricua.
—Es mucho dinero, Tony. Además, si fuese así, hubiera hecho un giro y no tenía que lidiar con tanto dinero encima —explica Ian.
—Además, no te dejan salir con esa cantidad del país —exclama Gaby—, y no imagino a Sofi sacando todos esos billetes de contrabando.
—Algo está mal —murmura Tony.
—Hay que averiguar qué —asevera Ian.
—De eso me encargo yo desde aquí —habla Gaby—. Vos anda haciendo las valijas que te vas a Italia.
Ian no esperó a que se lo dijeran dos veces y se apresuró a ir hasta su casa, ¿pero en verdad iba a hacer eso? ¿Sofi sentía el suficiente amor como para que él viajara dejando todo y sin previo aviso tras ella? ¿Iba a ser un viaje fortuito o un completo fiasco? Muchas dudas invadieron la cabeza del rubio conforme preparaba su maleta, una sola ya que no necesitaría más, sentía su cabeza explotar, las dudas, el miedo, la inseguridad, todo aquello que no había sentido antes, se estaba arremolinando en su mente, jugándole una mala pasada, justo en el momento en que debe jugársela por aquella mujer, por la mujer que seguramente sea el amor que no sabía que buscaba o que necesitaba.
—¿Tan mal puede jugarte el corazón? —murmura dejando escapar un suspiro. ¿En qué carajo estaba pensando?
Dicen que sin dolor no te haces feliz, así que de seguro debe ser una felicidad eterna la que le espera por como se estaba sintiendo en ese momento. Toda esa mezcla de sentimientos y pensamientos eran tan abrumadores que se estaba sintiendo mareado. Dejó a un lado su malestar para mentalizarse que ese viaje no era en vano, Sofi era alguien que se merecía que él luchara. Soltando el aire y aflojando los brazos, por primera vez nervioso y tensionado, dejó todo a un lado para tomar ese bendito vuelo.
N/A Muy feliz día, esta es la apertura de la segunda parte, espero que les guste toda la saga, si llegaron hasta acá puede ser por que si les gustó o son de las que no dejan una historia por la mitad por más que no sea de su agrado ja. De todas formas, sea cual fuese la situación, muchas gracias por llegar a acá.
Mi nombre es Nessa Rodriguez y espero mantener contacto con ustedes a través de mis historias y los comentarios.