Dos meses más tarde, en un enero insoportable, casi igual que mi madre, nos enteramos de la muerte de mi tía Nicolasa. Ella estaba muy solita conviviendo con sus penas y secundada por la muerte que se había convertido en su sombra permanente, a diez cuadras de la casa de Tomás, su otro nieto, el hermano de Melisa, abandonada fina y hábilmente por él, después de haberse alzado con casi la totalidad del dinero y de los bienes que Nicolasa poseía, y con los que creó su mini imperio en las inmediaciones del pueblo, amado por interesados y odiado por el resto de los pobladores de Villa Mercedes. En algún punto, el viaje y la estadía, los momentos compartidos entre todos y entre nosotros solos como matrimonio, el aire renovado y alejados del infierno que nos mantuvo cautivos y a mal vivir, sirv
Escanee el código QR para descargar y leer innumerables historias gratis y libros actualizados a diario


