El día que salí de la Ciudad de México, el cielo estaba nublado, pero los de meteorología decían que no esperaban lluvia, ni tormentas eléctricas, ni nada que se le parecería, además el clima en España era bastante bueno. Era viernes y el aeropuerto internacional estaba llenísimo de gente, “con lo que odiaba a la gente”, mis padres me acompañaron, me desearon suerte, y la última vez que los vi fue despidiéndose con la mano y a mi madre llorando. Los extrañaría. Fui despertada por el anuncio de la aeromoza que decía que en unos momentos aterrizaríamos, y que por favor abrocháramos nuestros cinturones. En España, vivía una vieja amiga de mi madre que con gusto me daría hospedaje y se encargaría de mí, además de que les daría más tranquilidad a mis padres. Al llegar a la sala de arrib

