La tratábamos de calmar con palabras amables y caricias en su cabello y espalda, mientras que la llevábamos a las jardineras más alejadas del campus, pues no queríamos volver a encontrarnos con aquel hombre. Luisa tardó un poco en calmarse, pero cuando por fin lo logró comenzó a relatarnos lo que había sucedido. — Sabía que algo no iba bien desde que prefirió no empezar la asesoría inmediatamente, pero él se mostraba tan amable… no pensé que sucedía algo malo. De un momento a otro comenzó a decir que le incomodaba el lugar y que debíamos ir a otro sitio, dijo que era algo que hacía con el resto de alumnos, yo no sabía que responder, tal vez pensó que mi silencio era una confirmación porque fue ahí que me acarició la pierna y mientras lo hacía comenzó a decirme palabras soeces, me sentí

