— Perdona la confusión — dije, con la sensación de querer llorar. — No te preocupes, sé lo que parece … así que entiendo que hayas reaccionado así — Agustín me sonrió y una calidez combinada de alivio afloraron mi cuerpo, él se veía sumamente avergonzado, estaba segura de que también sabía lo que yo había pensado. — Disculpen que tengan que tenerme aquí — nos dijo Margarita, se veía incomoda mientras atendía a su hija — Mario no tarda en llegar… — No te preocupes, yo debería disculparme… — No pasa nada — contesté, todo era incomodo y confuso. — ¿Están de vacaciones en la capital? — No realmente… a Mario lo acaban de transferir a una de las sucursales y venimos a ver un nuevo departamento. Agustín nos está haciendo el favor de acompañarnos. Noté que ella miraba totalmente

