Nuestro tonto guía quedó abandonado al final de nuestra columna, tenía la confusión y la derrota escrita en el rostro, mientras que Mario con una habilidad guardada, veía el mapa y la brújula, luego sus ojos se fijaban en el cielo ahora oscuro y comenzaba a caminar. Ya no podíamos descansar, pues solo nos quitaba tiempo, pero al final nos rendimos, Mario comentó que lo mejor sería acampar ahí, que mañana por la mañana sería más fácil encontrar una salida, o por lo menos, que nos encontraran, el guía se disculpó mil veces, pero ya nada importaba, lo hecho, hecho estaba. — Bonita forma de disfrutar nuestros días libres — se quejó Luisa, y solo Jaime se rio. Raquel andaba un poco nerviosa y Javier trataba de consolarla y de las dos chicas, ellas lloraban en un rinconcito con desesperació

