Llegué a México y tras hora y media de vuelo por fin aterricé en Sinaloa. Mis padres, Raquel y Luisa me recibieron en el aeropuerto, la emoción de volver a verlos me hizo derramar lágrimas desde que los vi tras las puertas automáticas, corrí y me abalancé sobre ellos, nos abrazamos y lloramos mucho, estábamos totalmente felices de volver a estar reunidos. — Tienes que contarnos todo lo que pasó en España — decía Raquel, mientras íbamos en el asiento trasero del coche. — Ustedes saben todo lo que pasó en España, chicas. Nos llamábamos todos los fines de semana. — ¡Ah! Pero no es lo mismo… tienes que darnos todos los detalles… — Sí, contarnos de la universidad, de tus amigos y de… — Raquel y Luisa movieron las cejas de manera confidencial mientras se veían una a la otra — Esteba

