No contesté la pregunta, de nuevo me dirigí a mi maleta, de entre mis prendas dobladas saqué la hoja de papel que con tanta ilusión había empacado, volví con mis amigas y les alargué la carta que Agustín me había escrito. Ellas miraron extrañadas el papel, pero al abrirlo la confusión y después la incredulidad se les leyó en el rostro, ya conocía de memoria su contenido por tantas veces que la había leído, por lo que podía saber en qué parte del texto iban. La primera en detenerse en leer para voltear a verme fue Raquel. — No entiendo — dijo. — Sigue leyendo. — le pedí y ella volvió a retomar la lectura. Ambas se juntaron y volvieron a leer la carta al mismo tiempo, cada oración que pasaban, se les reflejaba el asombro en el rostro… me pareció gracioso el pensar que yo me encontrab

