Éber Faure Después de cenar en casa de Daila dimos un paseo por el jardín donde descansaba su familia antes de or a aquella habitación, sus manos temblaban de miedo al intentar abrir la puerta de la recamara de su mamá. — Tómate tu tiempo Daila, sé que es difícil para ti. — No lo puedo hacer Éber, tengo miedo de lo que vaya a encontrar. Daila en estos días que habían pasado abrió su corazón a mí y contaba anécdotas o historias que yo apenas podía comprender y que me hacía imposible de creer. — Podemos esperar a que te sientas cómoda con esto, debes ir despacio son muchas emocionas en tan poco tiempo. — Quiero hacerlo hoy mismo Éber, ayúdame, abre la puerta por mi por favor. Ella se hizo atrás mío, abrí la puerta y entramos los dos, por lo que se veía la habitación la limpiaban cada

