Daila Street. Como Éber lo prometió se quedó conmigo y me acompañó a ver la casa que mi madre me dejó antes de morir, mi boca se abrió cuando la vi, tenía un jardín enorme, la fachada era blanca, de dos plantas, era mágica más de lo que pude haber imaginado. — Tu madre tenía buen gusto Daila. — ¿verdad?, Éber esto es más de lo que me imaginé. Entramos y era una casa de concepto abierto, ventanas grandes que dejaban entrar la luz. — Hay una carta para ti Daila. Me senté en el suelo y Éber me acompañó. — Mi pequeña florecita, mientras escribo esto estas durmiendo en mis brazos, te miro y mi vida se renueva, e intentado mantenerme con vida, quiero verte crecer, verte feliz, pero la vida ha tenido otros planes contigo. —¿Daila? — Vamos a estar bien amiga, tanto Éber como yo estamos p

