Éber Faure Intenté irme a mi casa mas fue inútil, Daila me tenía abrazado con fuerza y no me dejaba caminar, pero tampoco hacía el intento de irme. —Quédate Éber. Mariángel no paraba de pedírmelo, pero ¿ lo quería Daila? ese era mi único inconveniente para responder. — Tengo que ir a ver a mi padre, mañana puede ser. — ¿no veremos los videos? Preguntó Daila aún en mis brazos. — No creo que eso sea conveniente, has tenido muchas emocionas por hoy, recuerda lo que dijo el doctor. — Podemos dejarlo para el fin de semana si estas de acuerdo. — El fin de semana está bien. Ninguno de los dos hacía el intento por soltarnos, yo quería seguir con ella en mis brazos y ella parecía querer seguir así. — ¡Quédate! No tenía que ir a visitar a mi padre, lo usé como un pretexto bajo para irme

