Capítulo 6.

1468 Palabras
Daniel. La vista que tenía de mi mujer es magnífica, ella encima mío, subiendo y bajando sobre mi pene, sus pechos rebotando ante mis ojos, su cabeza tirada para atrás gimiendo mientras mis caderas también acompañaban sus movimientos. Había perdido la dimensión del tiempo, solo podía decir que con Rachel somos dinámita pura porque no nos cansaba tener sexo como lo veníamos teniendo desde ayer cuando al fin nos dejaron cerrar nuestro trato como quería. Tres años que deseaba que esto se volviera a repetir, me encanta ella y esa forma que tiene de entregarse a pleno, ni una mujer me había excitada tanto como lo hace ella, porque pueden verla como una mujer simple, dulce, pero en la cama se convierte en otra persona que solo me hace desearla mucho más de lo que ya hago. — Daniel — jadea mi nombre cuando nos giro en la cama. Coloco una de sus piernas sobre mis hombros mientras que la otra la aferró bien a mi cadera, mis manos sostienen su cintura impidiendo que ella se mueve y sea el único que trabaje en ese momento. Mi pene se deslizaba con fuerza dentro de esa cálida, húmeda y estrecha v****a, se adaptaba tan bien que sentía que me era imposible no pensar en sexo cuando la tenía cerca mío. — ¡Daniel! — chilla mi nombre cuando sus paredes vaginales se cierran sobre mi pene provocando que aumente la velocidad de mis penetraciones hasta que me corro en el condón y salgo de su interior para tirarme en la cama a su lado. — Cada vez es mejor — digo tratando de recuperar el aliento. — Me gusta esa forma de cerrar tratos — acota mientras se acurruca a mi lado y mis brazos la envuelven sin intención de soltarla. — Solo conmigo puedes hacer estos tratos — declaro de forma posesiva. — Y tú solo conmigo puedes cerrar tratos de esta forma — sentencia mirándome con esos lindos ojos verdes. — Solo contigo — aseguro juntando mis labios sobre los suyos. Rachel era ese mínimo escape de la realidad, ella sin saberlo me hacía ser otra persona. — ¿Puedo hacerte una pregunta? — pregunta mordiendo su labio inferior. Lo sexy que es y no tiene idea como podía levantar mi pene con ese simple gesto. — Puedes, amore — contesto pasando mi mano por su mejilla mientras acomodo un mechón de su cabello. — Eres mi esposo y no sé nada de tí — acota apoyando su cabeza en mi pecho. — ¿Qué quieres saber de mí? — consulto aferrando mi agarre a su cuerpo. — Todo, Daniel Salvatore — afirma. — ¿Cómo llegaste a ser líder de la mafia? — agrega. — Soy el primogénito, era mi deber hacerme cargo de Camorra ... — El donador de esperma mató a tu papá, eso me dijo Francesco — me cuenta haciendo que frunza el ceño. — ¿Donador de esperma? — — Mi hermana Jessica le decía así a su padre y tú hermano me dijo que Vincent Finochiarro le disparó a tu papá y me sentí .... — Son cosas del pasado, amore — la interrumpo. Francesco siempre siendo tan boca suelta, no quería que ella supiera esto y muchos menos indague en estás cuestiones que sucedieron hace más de tres años. — ¿Siempre quisiste ser líder de Camorra? — — Mi deber como primogénito era esto, soy la cabeza de esta familia y desde que nací siempre estuvo trazado mi camino en la mafia — comento. — ¿Y tú siempre quisiste ser parte de la policía? — pregunto acariciando su espalda desnuda. Sus ojos verdes me observan y sonríe. — Esto es raro, tu líder de la mafia y yo policía, bueno perito forense — acota divertida. — Los opuesto se atraen — bromeo. — Eso me gusta — afirma con una gran sonrisa bajando su mano a mi entrepierna dónde empieza a estimular mi pene. — Rachel — mascullo cuando mi mano se une a la suya para ayudar a sus movimientos. — Te necesito, amore — gime cuando mi boca chupa su pezones. No dudo, me coloco un condón y me acomodo sobre ella para penetrarla. Nos empezamos a mover con suaves penetraciones, mis ojos estaban conectados con los suyos, levanto su mano para entrelazarla con la mía. Rachel es mi mejor error, si fuera por mí no la dejaría ir nunca de mi lado, pero le había hecho una promesa porque después de terminar con su amenaza le daría el divorcio para que sea feliz. Se que no soy ese hombre que ella se merece. *** Estábamos en la cama sentados, me reía de su efusividad mientras me contaba todo de ella, como ama a su familia y sobre todo a su pequeña sobrina que es su completa perdición. No podía dejar de observarla, me sentía otra persona a su lado, porque no solo éramos pura química en la cama sino que teníamos un vínculo que iba mucho más allá de lo que imaginaba. — Debería llamar a mis padres — acota haciendo que frunza mi ceño. — ¿Por qué? — — No quiero que se preocupen, seguro ya le habrán informado que no fui a trabajar y conociendo como es mi papá se pondrá a buscarme, a eso súmale a Jared, Jessica y luego toda la departamentales del país me buscarán — comenta suspirando. — ¿Qué le dirás? — inquiero al recostarme en la cama. — Que fue un impulso y necesitaba vacaciones. Me harán un sumario por irresponsable de mis labores, pero bueno estoy aquí — dice pensativa. — A salvo — afirmo tomando su mano donde lleva ese anillo de esmeralda dónde deja claro que ella es mía. — Siento mucho amore mío, no quiero generar problemas en tu trabajo — le reconozco siendo sincero. — Tendré más problemas si saben que me casé con el líder de una mafia — sonríe. — Si me quedo sin trabajo te voy a exigir un manutención, esposo — bromea. — Te daré todo lo que quieras — digo. Cuando me fuí de la habitación del hotel hace tres años, dejé una gran cantidad de dinero en su cuenta bancaria para que ayude con sus gastos, todos esos años seguí depositando dinero ahí y lo más sorprendente de esto es que ella no había tocado ni un euro de todo lo que se acumuló. — Esa propuesta es muy tentadora, lo que quiero ahora es un gran pote de helado de limón — me pide mordiendo su labio inferior de forma seductora. Nunca una mujer me puso de esa forma con tan poco, ella no se si es su cara de niña buena o que, pero mi pene tenía vida propia a su lado. — Gelato al limone per mia moglie — digo robando un beso de sus labios. — ¿Puedes enseñarme italiano? — consulta. — No solo italiano te enseñaré — declaro con picardía. — Más propuestas indecentes, me gusta eso, esposo — asegura riendo. Antes de salir de la habitación le pasó mi notebook para que se ponga en contacto con su familia vía Skype, si su padre quería rastrear el paradero de su hija no llegaría a ningún lado porque tenía una seguridad altamente impenetrable, gentileza de la mafia rusa. Esto de ser familia, por así decirlo, con la Bratvá tenía sus beneficios. — Francesco — digo al ver a mi hermano en la sala con su iPad. — ¿Te sorprende de verme? — inquiere enarcando una de sus cejas. — Te hacía en Apulian, cerrando negocios con las Cairo — acoto encogiendo mis hombros. — Cuánto más lejos de las Cairo este, mejor. Brandon será el intermediario entre ellas y nosotros — declara volviendo a centrar su atención a su iPad. — Lejos de Josefina, quieras decir porque se que Pía te cae mucho mejor — comento mirando como frunce su ceño. — Ve con tu esposa y deja de perturbar mi paz — masculla molesto. Sin darle importancia sigo mi camino a la cocina, no me sorprende la actitud de mi hermano si él es mucho más amargado de lo que soy yo. Después de la muerte de nuestro padre todos cambiamos y me incluyo en ese proceso. El Daniel de hace tres años, el que se casó con Rachel para vengarse de su hermana, no es el mismo de ahora porque toda la vida me voy arrepentirme de haberla expuesto al peligro por mi egoísmo. Esa mujer sexy y de lindos ojos verdes me importa mucho, haré arder el mundo si solo se atreven a lastimarla. Nadie tocará a mi Dama, ella es mía y la voy a proteger de todo es mundo que quiera lastimarla.
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