Batalla en el Caribe

2310 Palabras
Aquel cielo despejado solo podía anunciar una tormenta, el destructor "Simón Bolívar" iba a toda máquina cerca de las costas de Cuba, acompañado de una flota conformada por 7 destructores más y dos naves de transporte que cargaban a bordo 100 hombres respectivamente, la invasión venezolana iba en curso hacia la ciudad de Tampa, Florida. El Capitán de navío que comandaba aquella expedición era nada más y nada menos que Antonio Picardi, aunque desde el Estado Mayor se le consideraba muy jóven, tenía para entonces 43 años de edad, para dirigir la expedición el General Medina Angarita dió un rotundo apoyo por la jovialidad y aguerrida pertenencia que tenía aquel oficial de gran experiencia en transporte de tropas. Sin embargo, no iría solo en aquella expedición, el Capitán de Navío Felipe Larrazábal lo acompañaría a bordo del Destructor "Mariscal Sucre" y también el experimentado Coronel Mariano Henrique López Méndez quién era toda una figura de sabiduría y valentía, durante su carrera como militar había ocupado el cargo de jefe de artillería del crucero "Restaurador" y Jefe de la Comisión de Reglamentos Militares y Navales en 1931, ahora desempeñaba la dirección del destructor "Luis Brión" en la invasión. El día 29 de abril los preparativos estaban hechos, el presidente Eleazar López Contreras estaba totalmente enterado de la invasión y decidió organizarla con el Estado Mayor, se discutió durante largas semanas la posición de que los radares de las naves venezolanas no estaban actualizados a pesar de la novedad de 1933 en la que se habían encargado todos los destructores disponibles. Las naves no eran como antes debido a la guerra que se estaba presentando en Europa, lo cual hacia que cada nave de Latinoamérica se viera obsoleta en cuanto a la última tecnología norteamericana. Se cuestionaba la eficacia de los colaboradores estadounidenses debido al retroceso que había tenido el General Douglas MacArthur en la última semana, la destrucción de los comunistas era abismal, cada tropa tomaba lo que necesitaba de los negocios y demás para poder subsustir. Se tenía una entera certeza de que también los comunistas estarían enterados de la invasión venezolana, el problema principal para ellos era que no sabían en que facción iba a desembarcar. Por eso el General - Presidente decidió Tampa la misma noche de la invasión, era una ciudad con cauces disponibles de agua para desembarcar en la misma ciudad y así poder tomarla desde el núcleo mientras se atacaba con las otras naves el puerto y se desembarcaban tropas en otros lugares estratégicos, además de eso designó esa misma madrugada a los hombres que acompañaban a las tropas de la Marina. "Tenme alistado a Delgado Chalbaud, Pedro Elías Aristiguieta, Doroteo Flores y Carmelo Castro Moros para que dirijan el ejército de tierra en la invasión. No le vamos a dar más vueltas a esto" Se oyó decir al General López Contreras con su voz ronca cuando hablo por teléfono con el general Medina Angarita, quién siempre acataba todas las palabras de su buen amigo. Y esa misma noche zarparon aquellos hombres, el primero y el segundo a bordo del "Bolívar" mientras Flores y Castro viajaban cada uno como líder respectivamente de los transportes "Zamora" y "Celeste". Aquellos hombres que salieron en la madrugada pensaron que no iban a volver a ver su tierra, en la historia contemporánea ningún venezolano había salido de su tierra para invadir a otro país por mar, se sentían extraños, siempre habían atacado a la propia madre tierra para lograr sus objetivos personales y caudillistas, jamás querían soñar con tierras extranjeras, mucho menos todos metidos en un mismo lote a buscar la muerte en otro país por órdenes de un general. Eleazar López Contreras había hecho un logro que solo Simón Bolívar había podido dominar, tener bajo su palma a todos los caudillos del país para hacerlo más grande, solo que el primero no permitiría a un Páez o un Santander alborotador de tropas, primero los mandaría a la cárcel como buen gomecista que era o sencillamente al paredón por traición a la patria. Era lo justo, era lo que pensaba. Pedro Elías Aristiguieta que veía el amanecer desde la cubierta con su sombrero de cogollo y su indumentaria oriental pensaba que todos los rumores de que era la reencarnación del Mariscal Sucre eran verdaderas, todos buscaban compararlo con algún grande de la historia, unos con Nicolás Rolando, otros con Bermúdez, etc. Tan absorto estaba que no había visto a su costado que se acercaba el alto y delgado como su apellido ex ministro de armamento. Aquel largo hombre de lentes se poso en el barandal para ver la mar junto al veterano guerrero. - ¿Sabe? Esto es como una remembranza. Volver a ver la mar de esta forma a una tierra que nos parece desconocida me recuerda a mi viaje en el Falke, lastima que hoy no esté mi padre con nosotros. Aristiguieta apenas parpadeó para darse cuenta de aquel hombre, el parecido a la oscura figura de su padre era imborrable. Movió ligeramente su cabeza para decir: - Me imagino joven, me imagino. Es que precisamente está cuestión me parece una idea descabelladamente patriota, así como la que habíamos hecho su padre y yo hace muchos años. Pero algo le puedo decir, esto no sé si sea una buena idea o una mala idea. Aquellas ciudades no se parecen a las cuatro calles de Caracas a las que están acostumbrados muchos. Esto es ir a buscar otra cosa diferente. - Usted que tiene tantos años de lucha más que yo ¿Cree que esto vaya a salir bien? - ¿Sinceramente? - Por supuesto, general. - No lo sé. Jamás me he enfrentado a un ejército tan poderoso. - Ni tanto - Dice Delgado convencido- Según los informes que yo manejo y que me dió Alcántara esta gente no tiene la misma cantidad de flota que tenemos nosotros y la gran mayoría de sus tropas están avanzando hacia el norte, acumuladas pues. El General MacArthur las tiene atrincheradas por qué son más que ellos y Long evita que los invadan. - Si algo he aprendido yo, joven, es a no confiarme de estás vainas. Peleamos por nuestro país, pero eso sí, no busquemos morir por él, porque sino nos vamos a queda sin guerreros. Y sin más, aquel hombre se marchó. Pedro Elías era un hombre que tenía la popularidad de todo el Oriente venezolano, era lo que en aquel momento de la historia se llamaba un "prohombre" o también "un tronco de hombre" lo que le designaba como un valiente líder de aquella zona. Con sus huestes había ayudado a derrotar en Oriente al hombre más temido de Venezuela junto a las tropas que Román Delgado Chalbaud había dejado bajo el liderazgo de Doroteo Flores después de su muerte. Luego del golpe militar se convirtió en el centro de atención de todo el país porque se quería como Presidente, pero en las elecciones no formó una dupla de partido con ninguna de las fuerzas fuertes del país que eran Acción Democrática, Unión Republicana Democrática o el Partido Socialista de Venezuela. Insistió en que su candidatura fuera independiente desde un partido de tendencia Liberal Amarilla, como en los tiempos de Guzmán Blanco, pero la desconfianza de la mayoría mermo debido a que no querían volver a las luchas caudillistas de conservadores y liberales, sin contar que aquellos "liberales" no eran muchos. Las nubes ya se veían en el horizonte y a un costado si te colocabas los binoculares estaban las pequeñas lomas de la República de Cuba en el lado derecho muy a lo lejos, al lado izquierdo se decía que estaba la península de Yucatán, pero nadie podía verla realmente. Era la señal de que ya estaba en el estrecho de Yucatán y de allí viajaría a través de la corriente del Golfo que los llevaría al estrecho de Florida. De pronto suena la alarma del barco para avisar que se deben tomar posiciones para la batalla. Delgado ya se encontraba en la cubierta cuando Pedro Elías Aristiguieta salió para ver lo que tenían en frente. - Parece el USS Oklahoma acercándose con otras dos fragatas más- Anuncia Delgado viendo desde los binoculares. - Ellos no deberían estar allí, nadie sabe que nosotros estamos en una invasión, en todo caso se notificó como un ejércicio militar en aguas internacionales, para que pasáramos desapercibidos. Lo mejor va a ser que se metan dentro del barco, sino pueden que vuelen. -Dijo de la nada Antonio Picardi, el capitán del barco, pero ninguno hizo caso, se movieron directamente a las ametralladoras antiaéreas. Aquel 2 de Mayo entre la lluvia que amenazaba con ser tormenta huracanada se batieron en el mar caribeño aquella flota venezolana con las únicas naves defensoras de la Unión de Estados Americanos como le gustaba llamarlo Huey Long en sus discursos racistas dónde veía un Estados Unidos diferente, reinante en la supremacía blanca. El primer disparo de la batalla lo hizo el "Mariscal Ayacucho" quien desató su fuego sin contemplaciones. El mar picado, estrecho y poco profundo hacía más difícil el disparar al enemigo. Una de las cosas que se preguntaba Antonio Picardi, el comandante de la flota entera, era como habían sido detectados si viajaban por el lugar más estrecho de todo el mar Caribe, era inaudito para cualquier capitán que tantas naves se movilizarán en una invasión por allí. ¿Fue una buena elección? El estruendo de un disparo que atravesó el casco de uno de los destructores venezolanos le despertó de su fantasía. Era necesario concentrar el fuego en un solo punto debido a la facilidad de movimiento que tenía el enemigo. Así que se dispuso a arremeter directamente con los cañones recién incorporados al USS Oklahoma. Cuando los dos titanes se vieron uno frente al otro ambos comandantes de las respectivas flotas sabían que no había escapatoria, en aquella batalla se decidiría el destino de ambas fuerzas marítimas y el destino de sus países. El destructor venezolano comenzó la disparada fallando, Picardi trago grueso sabiendo que el que pega primero, como le había enseñado su padre, pegaba dos veces. El USS Oklahoma era magnífico en batalla, su casco se notaba reforzado y era más rápido que el ya descontinuado destructor venezolano, así que aprovecho de disparar su primer tiro rozando la popa, si no es por la maniobra del giro estuviera perdido. Picardi ordenó fuego a discreción de las ametralladoras antiaéreas hacia el navío norteamericano y de los cañones. Aquella batalla desde la lejanía parecía fuego pirotécnico, una fiesta patria que se jugaba el futuro de Venezuela en la guerra mundial. Jamás el Contraalmirante Robert Lee Ghormley había estado en un combate tan cerrado y tan cerca de la muerte, las balas no le dejaban levantar para poder dar más órdenes, era una locura descargar las municiones así tan rápido y sin precisión, cuando intento ponerse en pie una bala le atravesó el pecho arrastrándo su cuerpo por el aire cochando contra la pared del puesto de mando, la bala antiaérea le había atravesado el cuerpo dejando un hueco enorme, no había forma de sobrevivir. Así terminaba la vida de un hombre despiadado que había destruido uno de los vapores más emblemáticos en la historia de Venezuela, el Falke. La oportunidad se le presenta a Picardi en bandeja de plata y no la desaprovechar, apenas ve que no hay mando por un momento en la nave enemiga y que el caos se apropia del barco en un breve silencio de recarga, grita la orden de disparar directamente sin contemplaciones todas las armas juntas nuevamente. El USS Oklahoma se parte en dos mientras se enciende en llamas. La alegría de pensar que acaban de destruir a la mejor fragata, junto a uno de los mejores Contraalmirantes de la historia contemporánea, está derrota significativa les llena de moral y cantan el himno nacional, dan vivas a Picardi, Delgado y Pedro Elias por su valiente valor y contraposición al enemigo. Todos quieren seguir luchando, unos lloran de la emoción, otros no saben ni por qué lloran. Al cabo de unos pocos minutos se acaba la batalla naval dándole la victoria a Venezuela en su increíble valor como país. Las naves norteaméricanas destruidas dejaban el paso libre a las naves venezolanas que iban con dos menos, el destructor "Urdaneta" y el "Santiago Mariño" quien levemente afectado se dirigió a suelo cubano lentamente. Aunque desde el "Luis Brión" Mariano Henrique López Méndez hizo énfasis en que se pasara la tripulación más relevante a su barco y siguieran con él como insignia para seguir la invasión, Picardi se negó y llamo a reparar los daños de su barco mientras esté no tuviera problemas para andar, sus palabras sobre la petición del veterano que sugería que se redirigiera para Cuba con el otro destructor, fueron: "Este destructor lleva el nombre del Libertador, es imposible que yo lo haga retirar de una batalla como la que se nos aproxima. Sí él insistió y jamás se echó para atrás, entonces un barco que lleva su nombre mucho menos". Y así siguió con los ingenieros alemanes reparando lo que pudieron que podría perjudicar el andar del barco, el cual no se encontraba significativamente destruido como el que se dirigía a Cuba. "El patriotismo es algo demasiado arrecho Delgado, fíjate dónde estamos, en un barco chamuscado sin poder dormir con el maldito ruido ese de mandarria toda la noche. No sé si es que somos pendejos o es que esta vaina es verdadero patriotismo" decía Pedro Elías Aristiguieta acostado en la cama de arriba de la litera que compartía con Delgado Chalbaud, mientras se quejaban ambos de los privilegios de sus camarotes que había sido dañados durante la batalla. Y así siguieron vía Florida esperando que la suerte les sonriera como le sonreía a ese barco estropeado que aún cruzaba el mar Caribe.
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