Los ciudadanos de las principales ciudades de Venezuela salieron a las calles a celebrar con regocijo la noticia del desembarco éxitoso de la flota venezolana en Miami, el alboroto de los adeptos al gobierno provisional era como una fiesta patria, sin embargo muchos adecos, quienes eran mayoría en el Congreso Nacional y habían votado directamente por Betancourt, estaban en marcado descontento por el desorden del nuevo gobierno militar quienes básicamente estaban haciendo lo que mejor sabían: Empezar una guerra.
El descontento no se anunciaba en el rostro del ejecutivo nacional debido a que estaban sesgados con los preparativos bélicos y todo el entorno de fanaticos que se encargan de entorpecer la visión de los mandatarios. Las calles ardían de peleas internas entre las familias adecas que apoyaban al presidente provisional y al expresidente Betancourt, discusiones, golpizas, encontrones, entre otros.
Desde aquel descontento social y resquemor entre la sociedad venezolana se forma una escisión dentro del partido, los más tradicionalistas preferían un gobierno nacionalista pero sobre todo el orden constitucional de las cosas, siempre y cuando se considerarán sus actitudes para los puestos del gobierno nacional, como se venía haciendo desde hace rato. La segunda alá, mucho más apegada a los valores heredados de la generación del 28 y preferían el retorno de Betancourt al poder o un referendum que les permitiera las elecciones lo más pronto posible, usando como su principal candidato a José Rafael Pocaterra quién ya había dado discursos en el hemiciclo entusiasmando al gobierno a dejar sus funciones.
Desde su conversación con Gonzalo Barrios que terminó saliéndole el tiro por la culata empezo a estructurar la división y la cisaña en el grupo que frecuentaba en el Country Club, lugar de millonarios y familias ricas caraqueñas, que estaba conformado por militares de mediano rango que se habían beneficiado de todos los contratos multimillonarios propuestos por el gobierno adeco anterior, las expropiaciones y demás eventos que generarán riqueza en moneda extranjera sobre todo.
Para existir la corrupción primero necesita nacer el mal pensamiento, un autor y político tan experimentado como Pocaterra sabe que pieza tumbar para armar una cadena de pensamientos en personajes que estudia constantemente. Militares como los capitanes Torres, Ferrer y Gonzáles del ejército nacional estaban condicionados a inhalar y exhalar dinero, pues era un negocio interno en los cuarteles el contrabando de cigarros y alcohol, esto les permitía lograr tener un carro en menos tiempo que lo obtenía otra persona del mismo rango.
> eso pensaba Pocaterra en sus tiempos de paseo por la plaza de los próceres o la Plaza Bolívar ideando una forma en hacerse con el poder y restaurar el proceso de mandato en el que estaban inmersos, intentar volver a lo ya establecido.
El retorno y la añoranza a lo que ya se tenía anteriormente era una característica del pensamiento venezolano, pues esto les permitía ver qué lo actual no era tan satisfactorio como lo precedido, todavía más cuando el presente era insoportable. Esto le dió gran simpatía entre los más grandes corruptos de la oligarquía caraqueña que veía en Pocaterra el civil soñado, el restaurador de la democracia partidista que tanto añoraba el colectivo.
Los militares antes mencionados estaban en frecuentes reuniones con Pocaterra para organizar un Golpe de Estado que les proporcionará el poder apenas el General Eleazar López Contreras partiera hacia norteamérica para liderar a los nuevos héroes de la patria que están trayendo la gloria de un territorio que no había pertenecido a los venezolanos desde la toma de la Isla Amelia por el General Mc Gregor en 1817, cuya historia no se sabe aún con certeza si fue un invento de aquel errante caudillo por hacerse glorias propias o estuvo apoyado por el Libertador para hacerse con aquel territorio, propiedad de España para entonces.
La cuestión del plan consistía en alzar el Cuartel Páez en Maracay y el San Carlos en Caracas. El primero tomaría el Hotel Jardín para atrincherarse allí o unirse al Cuartel Bolívar y Sucre para tomar más abajo las principales edificaciones dónde frecuentaba el presidente cuando deseaba parar con la rutina y recordar sus tiempos mozos. En Caracas se buscaría tomar la Casa Amarilla donde se destacaban diplomáticos importantes y diversos Ministros, desde entonces partirían junto al pueblo a tomar Miraflores. Aquel plan estaba destinado para el 23 de Mayo o posterior a la retirada del presidente.
Eleazar López Contreras estaba decidido a desembarcar en Florida desde el triunfante desembarco, había designado entonces como gobernador de la parte liberada al Coronel Mariano Henrique López Méndez quién hizo izar no solamente el tricolor nacional, sino también la bandera blanca de cruz verde que representaría a Florida como Estado agregado a Venezuela, según decreto presidencial del día 12 de Mayo leído en el Congreso y aprobado por unanimidad.
Los Generales del Estado Mayor estaban totalmente en contra de que el presidente fuera de nuevo a campaña militar y dejar de presidente al doctor Bautista Pérez de nuevo en el cargo, aquel hombre se había ganado el desprecio de los ministros debido a qué su forma de mando era considerada blanda, desconsiderado con la economía y sin prioridad sobre las acciones contundentes nacionales. Aquellos militares querían designar a los generales Medina Angarita como presidente provisional de la República, Pedro Elías Aristiguieta cómo vicepresidente provisional y dejar a los demás ministros en sus puestos.
Eleazar López Contreras rechazo toda consideración de su Estado Mayor, esto hizo cambiar la idea de Medina Angarita de estar frente al Ejecutivo Nacional y dejar la desición a su amigo quién era el jefe de jefes. La desición estaba tomada, Eleazar dejaría en la Vicepresidencia al doctor Juan Bautista Pérez quién había demostrado ser muy fiel y considerado con él así como lo fue con el general Gómez, cambio de la cartera de Marina venezolana al actual para designar al Capitán de Navío Felipe Larrazábal quién se había destacado en la lucha naval del Caribe y en el desembarco a Miami. Cómo Ministro de relaciones exteriores necesitaba a un hombre audaz y habilidoso en la política exterior, designando a Esteban Gil Borges.
Aún con las nuevas designaciones quedaban vacantes la presidencia y otros ministerios que necesitaban el acopio de generales que se marcharian tras la gesta militar de López Contreras no solo por ser valiosos en la lucha, sino además por la desconfianza que se les tenía al poder dar un golpe de Estado. Entre ellos estaba Linares Alcántara que había estado en todos los golpes y conjuras habidas y por haber desde que lo pusieron al lado del general Castro. El componente de la aviación lo comandaria Francisco Leonardi, destacado en el ejército nacional y de gran conocimiento sobre aviones, mientras que Carlos Meyer Baldó quedaría designado al primer comando de la fuerza aérea, el cual tenía aún aviones viejos.
Finalmente en una pequeña reunión privada pudo cavilar el presidente sobre su deseo de incorporar al diplomático y destacado historiador José Gil Fortoul quién ya muy viejo aún seguía con la mente muy lúcida y conocedor más que nadie de Venezuela y su historia. Linares Alcántara se iría con el presidente en el destructor "Carlos Soublette" junto al General Medina Angarita como segundo al mando de la nave. Mientras, en su disposición de líder fundamental del ejército quedaría a cargo del puesto el General Jesús Albornoz, quien fuera el gobernador de la "Provincia de Curazao".
Días antes del traslado del presidente en su comitiva al Puerto de La Guaira dónde se despegaría una gran multitud a despedirle, Pocaterra estaba advirtiendo a los soldados de que el momento sería pronto para organizar un Golpe de Estado que devolviera la constitucionalidad a Venezuela. En su intento de convencer a importantes oficiales que se habían visto muy beneficiados en los gobiernos anteriores la voz se había corrido tanto que llegó a los oídos de los espías del general Francisco Linares Alcántara y por ende a él.
Antes de actuar sobre aquellos jóvenes oficiales llevo a la oficina del presidente un expediente entero de toda la organización que tenían los oficiales para hacerse con el poder.
- ¿Que iban a hacer conmigo luego de que tomaran el poder esos adecos nuevamente? - Preguntó con irá ronca el delgado presidente al no terminar de escuchar el informe hablado.
- Señor, tenían pensado qué con usted en el exilio y radicado en una zona que pronto sería retomada por el enemigo usted y sus generales estarían muertos o sencillamente con no dejarle entrar al país con los barcos y su comitiva usted quedaría varado en algún país que le diera acopió a cambio de las naves, por lo cual usted sería un prófugo de la nación y sería muy pronto devuelto a la nación como un perro, así la democracia se encargaría de juzgar sus crímenes de guerra.
El silencio aturdía el espacio del despacho, Eleazar levanto el teléfono y llamo para que hicieran llamar a Medina Angarita lo más pronto posible y no dijo más nada hasta que llegó media hora después el general.
- ¿Tú sabías que había ruido de sables en el cuartel San Carlos? - Dijo López Contreras, sin más-
- Absolutamente mi general. ¿De donde usted saca dicha información?
- Precisamente del General Linares Alcántara, precisamente gracias a la red de inteligencia que maneja nosotros estamos aún aquí sentados y no está entrando por la maldita puerta esa -Señala la puerta principal del despacho- un batallón de muchachos apuntandonos con los rifles que compramos la semana pasada. Entre otras cosas ¿Cómo va la línea de suministro entre nosotros y Florida?
Medina responde impavido.
- Bien mi general, contamos con pocos buques que lo lleven hasta allí, pero estamos por comprar más. Pero sinceramente, yo no estaba enterado en lo más mínimo de lo que ocurria.
- Te creo. Ahora Linares, dígame cómo se deberia proceder según nuestras leyes a los integrantes del movimiento absurdo ese de Pocaterra.
- Bueno, mi general. Según nuestras leyes deberían ser juzgados por nuestros juzgados militares y ver qué tanta implicación tiene cada uno. En cuanto a Pocaterra, ese debería estar bajo las rejas lo más pronto posible.
- Haga algo mejor. Deje a Pocaterra en su puesto, lo necesito en el Congreso para que esos mismo que intentaron tumbarnos no crean que aquí no hay democracia, después será juzgado. A los oficiales implicados - Mira directamente a Medina Angarita- que les apliquen todo el peso de la ley, sin contemplaciones. Eso sí, que se enteré todo el mundo quienes y para que estaban implicados. Linares, vaya usted mismo a la oficina de Pocaterra en el Palacio Federal Legislativo y destuya su oficina, llevelo a pasear un rato a los calabozos de La Rotunda para que se acuerde de cuando era un prisionero de Gómez y me lo deja en la noche en la puerta de su casa, con un oficial que le cuide y siga las venticuatro horas, los siete días de la semana. ¿Se entendió?
- ¡Sí, mi General! -Dijeron ambos subalternos al unisono.
Si algo había en este pedazo de la historia era implicados, oídos y espías por todos lados. Pocaterra estaba en uno de sus paseos cuando fue enterado de la maniobra del gobierno, pero no pudo evitar que un carro de la policía secreta lo llevará justamente al calabozo que lo esperaba en la vieja cárcel de La Rotunda. Linares Alcántara fue despiadado con el trato que se le dió en las seis horas que paso allí, así como lo fue para enviar a aquellos jóvenes capitanes a la Isla del Burro en el Lago de Valencia para que se pudrieran por conspirar contra el régimen actual, sin juicio militar aquellos jóvenes no verían su tierra sino largos años después de torturas y desdichas.
Aquel General prodigioso partió con sus dos subalternos un 27 de mayo a las once y media de la mañana en un día bastante claro, sin embargo zarpó con una duda que retumbaria en los oídos de Medina Angarita como si fuera un pompa funebre para el país: "¿Realmente esto es lo que nuestro país necesita?" Y luego se asomaba la otra duda incandescente "¿Esto no se transformará en una dictadura que ninguno de nosotros podrá soportar más adelante?" Estos pensamientos iban aflojando en todo el viaje hasta Florida un infeliz desfile de posibilidades que podrían desencadenar todo un desastre para la nación. Pero también nacía la antítesis: "¿Nuestro país necesita una pseudo dictadura para poder avanzar como una verdadera nación?" "¿Realmente estaremos preparados para la democracia?" "¿Debí haber participado en el golpe cuando Pocaterra se me acercó en el Cuartel Bolívar semanas atrás para parar lo que pudiera sumergirme en una verdadera desgracia?".
La semilla de la duda solo puede crecer en suelos fértiles, ¿Será acaso la mente de un hombre consternado por la presión de ir a la guerra abono suficiente para escapar a la barbarie que no quiere afrontar y de esta forma evitar participar? La duda poco razonada puede llevarnos a cometer errores, pero la cuestión en sí no es saber si se está de acuerdo con la duda, sino es saber si lo que se va a cometer es un craso error o una tabla de salvación.