Una vez que Deborah hizo lo que Levka le pidió, él la esperaba sentado en la silla junto a la puerta. Lucía relajado, con una de sus navajas en la mano. Cuando la mentira vio la luz, Levka se prometió pensar bien sus siguientes movimientos. No cometería una locura, no haría nada de lo que pudiera arrepentirse y acudiría a su parte de clemencia si ella no continuaba con su mentira. Deborah entró y se sentó en el borde la cama. —Esta hecho —expresó con las manos en sus muslos. —¿Cuál de todas las cosas? —Movió la navaja entre sus manos—. ¿Lo que te pedí o lo que la agencia te pidió? Deborah miró la navaja y supo que no debía mentir. —Lo que me pediste —respondió—. Esta en camino. Levka asintió y por la misma arrojó la navaja y le rozó la mejilla a Deborah. Ella se colocó de pie y estir

