Leer lo que me había escrito y saber que se sentía en un pozo, hizo que se me saltaran las lágrimas, como consecuencia de sus actos y lo hijo de puta de Quiñones, su vida se había torcido de tal manera, que hasta temí que se le ocurriera hacer alguna locura. Tenía que encontrar la forma de apoyarla de alguna forma desde mi falsa identidad. Lo primero que se me ocurrió, fue llamar a mi amigo Fernando que tiene una importante agencia de turismo, ya le había enviado el curriculum de Emilia, y me dijo que vería que podía hacer. Al día siguiente lo llamé. — Hola querido, ¿cómo andás? — Hola Mauro, muy bien ¿y vos? —¡Ahí vamos, con algunos problemitas que ya te contaré en la próxima cerveza que nos tomemos! — Pasate por la agencia hoy a las siete y la tomamos! — Me encantaría, pero no es

