A pesar del enojo, la traición y todas las mentiras, no le deseaba el mal, sus acciones estaban teniendo sus consecuencias, tanto en su trabajo como en nuestro matrimonio. Aún no tenía una decisión tomada, no sabía cómo seguiría mi vida, pero lo que me enfureció sobremanera, fue la actitud del pelotudo de Quiñones, ya me voy a encargar de ese salame. Ese día decidí no volver a contestarle. Dos días después, volvía a la tardecita de caminar por la playa, cuando lo vi a Matt tomándose una cerveza debajo del alero de su casa, lo saludé y me acerqué, me ofreció una cerveza, se la acepté y nos pusimos a conversar. Me contó que su esposa había viajado el fin de semana a La Plata, a visitar familiares y amigos. La charla duro, varias horas y un montón de cervezas. Le conté con detalles mi h

