Les hizo olvidar a ambos, aunque fuera por un momento, el final. Visitaron a Robert una vez más, como lo habían prometido, aunque Alex hacía videollamadas a su padre todos los días. Animados por su gran mejor aspecto, se sintieron cómodos al partir hacia Melbourne. El jet privado de Alex estaba en la pista, brillando bajo la tenue luz del sol. La siguió escaleras arriba. Emma había crecido con dinero. No había nada en el mundo que no pudiera comprar. Pero esta vida que Alex llevaba era de otro nivel. No le importaba pensarlo. No mientras Alex la conducía a uno de los asientos color crema y la abrochaba el cinturón. 'Sabes, soy perfectamente capaz de abrocharme mi propio cinturón'. —Lo sé, pero me estoy divirtiendo atándote. Sintió que el color le subía por la nuca cuando él le rozó l

