Julian Ford estaba de pie en la barra, copa en mano. Se llevó el agua con gas y lima a los labios, tomó un sorbo, haciéndolo girar en la lengua, saboreando el sabor ácido. Odiaba estos eventos; prefería estar en casa o en su oficina, trabajando. Haciendo crecer su empresa o creando nuevos modelos tecnológicos. Esa no era una opción esta noche. La exclusividad de esta red era legendaria. Lo único que le había valido una invitación —y una reticente, supuso— era su saldo bancario. Nadie ignoraría a un multimillonario por mucho tiempo. Sobre todo a uno como él. Odiaba tener que charlar con un grupo de ricos y snobs, pero incluso él sabía la importancia de ese tipo de networking. Echó un vistazo a la sala una vez más, prestando mucha atención a todos los directivos de la industria a los que

