Los ricos y cálidos tonos de su piel brillaban bajo la intensa luz. Sus ojos color espresso eran profundidades insondables... espejos negros que centelleaban. Estaban teñidos de una tristeza que su sonrisa no podía disimular, y no se distinguía el punto donde terminaban sus iris y empezaban sus pupilas. Que Dios le ayudara si no eran los ojos más bonitos que jamás había visto. Lily le tomó la mano con una firmeza sorprendente. Una chispa nunca antes había sentido, y una oleada de puro deseo lo recorrió. La miró a los ojos y vio sorpresa y ardor en ellos. Julian solo supuso que reflejaba los suyos. ¿Qué demonios le estaba pasando? Nadie lo afectaba así, y nunca se veía privado de compañía femenina. Podía tener a quien quisiera, cuando quisiera, aunque, hay que admitirlo, eso había ocurri

