Lily mantuvo sus ojos fijos en él mientras él levantaba la tapa de la caja, sus ojos se arrugaron con diversión mientras la dejaba sobre la mesa. —Pensé en traerles algo a tus empleados... ya sabes, porque su jefe es un bruto. —Sonrió. Sus brazos rodearon su cintura y ella observó, hechizada, cómo una amplia y radiante sonrisa se dibujaba en su rostro. Había pensado que Julián sería guapo con una sonrisa. Era como pensar que el David de Miguel Ángel era una bonita escultura. Un eufemismo desproporcionado. Era devastador. Se le marcaban los hoyuelos. Sus dientes, blancos y perfectos, brillaban. Sus ojos brillaban con intensidad. Su rostro se transformó. Resplandeciente. Era como el sol saliendo en un día nublado. Su sonrisa era impresionante... ¿Por qué la ocultó? ¿Qué le había pasado?

