Alex no podía dejar de pensar en lo que Emma había dicho. Su instinto le gritaba que no se involucrara. Que no le preguntara qué le pasaba. Pero verla tan desanimada hizo que algo se encendiera en su interior. Un instinto protector que nunca antes había sentido por nadie más que su familia y su empresa. Y ese beso después. Otro error. Era plenamente consciente de que estaba rompiendo sus propias reglas. Lo curioso era que no podía arrepentirse. Había querido besarla y no iba a negarse nada de Emma. Por eso le había pedido más tiempo. Una vez que se acabara su tiempo, no habría razón para volver a verse, así que iba a saborear cada beso y caricia que pudiera con ella. Por eso había organizado esta noche. Emma había tenido un día difícil y él se había esforzado por que olvidara. Ahora la i

