29. Mely entra y me toca el hombro. Dormito y la veo como en sueños. Mely me mira con timidez. —¿Qué te pasa? –le pregunto. —¿Por? —Te quedas mirándome de esa forma… —Es la primera vez que te veo dormir. —No soy extraterrestre. Babeo y ronco como todo el mundo. —Yo no ronco. —¿Y cómo lo sabes? —Solo lo sé. —¿Dónde estabas? Te estuve llamando como un acosador. Mely se ríe de mis palabras. —Estaba en pleno vuelo. Acompañé a Sarah a París. —¿Cómo? ¿Ya no le llamas la rubia desabrida? —No, ya no desde que me perdonó que no haya conseguido que firmes. No es tan despiadada como pensaba, tengo que admitirlo. —Entonces ustedes dos ¿se volvieron amigas? —Amigas es mucho pedir. Solo lo dejó pasar y ya… —Eso me alegra. Mely se queda mirándome. Es la primera vez que me ve sin camise

