30. Llamada entrante. —¿Hola? —Anton. Se ha presentado un pequeño problema. —¿Qué pasó Mely? —No es algo grave pero Sarah, mi jefa quiere que vengas en persona. —¿Qué querrá? —Seguro ya no le interesa mantenerme callado. —Eso no lo sé, Anton, pero tienes que venir. —¿Tiene que ser ahora mismo? —Sí, sí, ahora mismo. En unos minutos llegará a tu puerta una limusina. —¡Qué loco! Si podía ir en mi Dulcinea. —Lo sé, pero ha pedido que te lo enviara. —¿Está normal? ¿La ves molesta quizás? Pregunto para prepararme… —La verdad es que se ve normal, aunque desde que vino su primo Dmitri, un hombre tremendamente sensual y sexy… está más… no sé como catalogarla… está más desbordada nunca. —Vaya… iré preparado para lo que sea. Y quizás le haya dejado de importar mi silencio. —No lo sé.

