36. La Cabaña tiene un aire diferente a la última vez. Apenas ha pasado unos días y me siento como ajeno a todo. Excepto por la cara de Maricho que tiene ahora mismo. Es una cara que conozco a la perfección, es la misma cara que ponía cuando en la escuela los otros chicos, que se creían la mafia de la escuela le quitaban su almuerzo. O cuando el profe lo mandaba al último banco, porque de otra forma su espalda sumamente gruesa no dejaría copiar a los que estaba detrás. Es una cara que expresa lo profundamente ofendido y sobre todo dolido que se siente. Y es la misma que ahora misma me mira a la cara. No está solo en la mesa, hay como cuatro tipos con pinta de empresarios a los que no conozco de nada. —Siéntate, hermano —me dice Maricho. Mi buen amigo Maricho parece que es comprensible c

