35. Entramos a un Starbucks que queda a unos pasos de la parada. Doctor Caliente, o Héctor pide dos cafés a la mesera que no debe pasar de los veinte. Mientras yo me dejo caer sobre el sillón. Las facturas no saben tan ricas como las que hace mi viejo, y no lo digo porque sea su hijo. Igual no pienso decir nada. Héctor se pone coqueto con la mesera. Y cuando al fin nos trae el café, parece desinteresado por la chica. —Bien heavy lo que pasó el otro día ¿no? —comenta, sorbiendo de la taza. Me la estaba pasando bien, hasta que lo tuvo que mencionar. ¡Fantástico!. De pronto se me va las ganas y dejo el café. Héctor ha notado el cambio de humor en mi cara. —¿Qué pasa? ¡Si yo no te voy a juzgar! A veces los clientes son unos pesados. No eres el único que tenía problemas con él. Le he m

