34. Si seré un completo idiota al creer que Sarah Mclean era sincera. Lo peor de todo es que no sé porqué me sorprende, debí saberlo desde un principio, después de todo, lo único que ella buscaba era el deshacerme de mí, firmando ese maldito documento. No sé dónde diablos dejé a Dulcinea, que sigue siendo la única que no me falla, o al menos lo intenta. Ahora me falta que me la hayan robado los dueños de lo ajeno, este día ha terminado por ser uno de los peores días de mi vida, y aún es temprano. Ahora que recuerdo, me ha traído hasta aquí una limusina, ¡claro! Ya lo había olvidado, espero poder sacarme a Sarah de la cabeza de la misma forma. Ahora un poco menos angustiado, y menos estresado por saber que Dulcinea sigue en casa, voy caminando hasta encontrar la primera parada de buses

