33. A la mañana siguiente... Sarah se da la vuelta y me mira. —No estuvo mal, en realidad, estuvo bastante bien —se pasa un dedo por sus sedosos labios—. Más de lo que esperaba de ti. Sonrío al escucharla. Para mí, fue como la gloria. Sale del dormitorio. Y yo me siento genial, a gusto con ella, ya no puedo verla con los mismos ojos que al principio, y eso me preocupa. Sarah está de vuelta. —Mira lo que encontré. Sarah juega con un lapicero en la mano. Me la acerca con sensualidad. —Anda, firma ahora. No es lo que esperaba escuchar, y menos en un momento como este. —De eso quería que hablemos —le digo controlando mi tono de voz, no quiero que ande imaginando algo peor. Sarah, me despeina el pelo con esos dedos delgados que tiene. —No salgas con que no quieres firmar. Me voy a

