56. Tomo asiento en un ostentoso bar, a unas diez cuadras del hotel, y de la nada, Mely aparece con el teléfono en la mano. Ignoro cómo lo hace, aparecerse así como por obra de magia. —Es la señora Mclean. —Mierda. ¿No pensaste en decirle que no estoy? Mely baja los ojos. Es una inepta. Ahora debo contestar y no tengo ganas de escuchar a mi madre. Mely se hace para atrás y recibo el teléfono. Respiro muy hondo para contestar, no debe saber que no me encuentro bien. Se alegraría si llega a notarlo en mi voz. —¿Mamá? —Estoy en Cancún, Sarah, y voy en camino. —No puede ser, ¡Mamá! —Es tarde para eso. —No estoy allá. —Mejor así. Te esperaré en el penthouse en el que te quedas. Cuelga. Debo volver, no quiero que hable con Anton, que ni se le acerque un poco… …. En el penthouse.

