24. Estoy frente al espejo del tocador. Mely llega y viene hacia mí directamente. —No hay apartamentos disponible —me dice. Tiene varios trípticos de departamentos que me interesan pero es tan inepta que no ha conseguido uno. —Haz magia —le digo. Mely me ve a la cara, veo que se ha puesto pálida. —Me fallas con el asunto de ese Anton Vivaldi. Y ahora con esto. Deberías estar agradecida que sea comprensiva y te permita seguir trabajando para mí. —Lo estoy… muchas gracias Sarah —dice con la voz temblorosa. Me enseña uno de los trípticos—. Hay uno que quedará libre recién en un mes. —Para entonces estaremos en Europa. —A menos que alquilemos uno pequeño. —¿Estás bromeando? Padezco de claustrofobia… No me imagino dormir en uno de esos diminutos departamentos. —¿Consideraste que quiz

