23. Dos días después... —¿Te depilaste las cejas? —Eh, buenas noches papá —trato de llegar a mi cuarto sin que se fijen en mí, pero creo que es tarde. Mi viejita se me acerca y se pone de frente. —A ver, mírame, hijo —deja de pelar las papas para la cena y se me pone de frente. Maneja mi cara de acá para allá a su antojo. Como no he tenido tiempo ni para lavarme la cara, me ha pillado con rastros de maquillaje. —Se ha sacado los sobrantes nomás, no seas exagerado, viejo —le contesta a mi viejo. Por eso la adoro, no ha dicho ni pio sobre lo demás, que, claramente ha notado y mi viejo no. —Me está pareciendo extraño que llegues a esta hora —me dice mi viejo. Ha dejado el periódico y me mira, pero como no lleva los anteojos puedo quedarme tranquilo porque sé que de lejos no ve nada.

