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Crónicas I
Antes de la cura el mago Santo Merlín, Fundo ocho países mágicos, cada uno de ellos con nombre propios, donde todos los magos pudieran vivir en paz, antes de que el mago desapareciera, su aprendiz se volvió malo, y tomo su báculo de la luz, convirtiéndolo después en oscuridad, de allí para adelante, las medidas en contra del amor, fueron aprobadas, bajo la coartada de que era solo para detener el crecimiento de las masas, y evitar crisis en los países, pero en realidad, solo es para evitar que Merlín vuelva a renacer entre algún mago puro, y acabe con su reino de tiranía.
Los nombres de cada reino fueron: Arcabas, Capital Central Merliliana, Rokect Island, Down People, Laberintus city, Playa del Dragon, Reino de Volcanus, y Portville.
Historia del Mago santo, según los registros centrales de la biblioteca de la escuela.
Capítulo 1
Mar y Yo estábamos en la escuela, me daba rabia, las cosas no debían ser tan malas como ellas dejaban que pasara, a mí me tenía harta la actitud sumisa de la gente, pero me lo debía callar, las cosas no iban a cambiar solo porque dijera que estaba cansada de todo.
—Mar no estas harta de tanta calumnia con estas normas, tan absurdas. —Dije sin pensar.
—Pues si Lenya, pero no somos cancilleres mágicos para hacer algo, ni siquiera somos Helena Harmertour. —Ella hizo una señal con las cejas, mientras se ponía las zapatillas para entrar a la escuela.
Yo estaba resignada y mi mejor amiga solo nos comparaba con la chica que era presidenta del consejo estudiantil.
—Porque nos comparas con la ricachona de turno.
—Simple, es más bella, inteligente y demás, tiene a todos los chicos detrás de ella, y además puede hacer que cualquiera le de lo que desea. Tiene los recursos básicos de una líder, no es como si no pudiera resaltar.
No entendía como ayer, una redada nos invadiera, y soldados armados nos mantuvieran en el frio del piso, a las once de la noche y además con armas, metiendo el miedo por todas las partes, y ahora estuvieran tan tranquilas, o es que yo era muy histérica, pero ellos podían hacer lo que querían, además erramos dependientes de nuestros padres si algo llegara a pasar, para mí eso era muy malo, ya que mis padres se la pasaban afuera de la ciudad, viajando y resolviendo casos, de magia, trabajaban como científicos en un laboratorio, y por eso debían pasar mucho tiempo afuera de la casa.
—¿Oye vas a venir hoy a mi casa otra vez? Mar siempre me preguntaba con ternura las cosas para que cayera en su juego, pero esta vez no lo haría, no quería estar rodeadas de niñas pijas y además quería dormir en mi cama, ya llevaba tres días durmiendo en el piso.
—No creo tengo que hacer algunas cosas, además debo pensar en qué hacer con lo de la cura, me toca en pocos meses, cuando terminemos el semestre.
Una de las cosas en la que pensaba día y noche, la cura, el gobierno para asegurar que el virus del amor, se esparciera rápido en la juventud, inyecta la cura en alumnos de magia y jóvenes que tengan menos de veinte años, y a mí, por petición de mis padres ya me habían hecho firmar la prueba anterior a la cura.
—No puedes hacer nada, solo esperar, recuerda lo que paso con la Mage que intento escabullirse, por no acatar a la cura. Solo debemos resignarnos. Y ya.
—Y ya. Así quieres que termine tu adolescencia Mar, con un Y ya. Refute encolerizada.
—Tampoco es que pueda hacer nada más.
Había una tierra a lo lejos de aquí, donde los magos y humanos viven en armonía, donde las cosas no se rigen por el tirano del báculo, donde Merlín no contamino con su magia y dejo hacer todo lo que quisiera, donde estaban en cierta paz el uno con el otro, y mas importante aún, no existe cura. Esa tierra es llamada, Maglares. El gobierno impidió el paso hacia ella, porque la tierra se llama la tierra de la libertad, una confederación de humanos y Magos que vive en paz y en armonía el uno con el otro, donde las cosas no las decide el gobierno, ni mucho menos el consejo, donde los jóvenes puedes estar con quien quiera y donde las calles están libres de todo guardia, un paraíso de verdad, el único inconveniente, es que, nadie sabe dónde está.
Los libros de historia relatan que esta, entre el reino de Vulcanos, o el reino de Rockt Island nadie sabe con exactitud dónde está, tal vez lo hacen para asegurar su paz, y para que el gobierno del tirano, no se extienda allá, con la cura. La verdad es que de modo en que va creciendo este interés por la ciudad de la libertad, me voy poniendo en contra del sistema. No quiero estar más en la casa, ni encerrada, ni vivir más redadas por parte de los guardias, no quiero vivir más con la ilusión de que un soldado me va a disparar con un fusil, tampoco quiero que me otorguen una familia, pre destinada, o que alguien se ocupe de mí y no valer nada, tampoco quiero estudiar lo que un examen diga, que debo estudiar, quiero ser libre, como el sol o como la luna, que sale cuando quiere, y que además brillan sin tener que ser lo que otros dicen que es.
Además yo tengo un pequeño secreto que me va a guiar hasta esa ciudad, yo tengo un pequeño libro que me saque a escondidas de la biblioteca. Una pequeña colección de un antiguo Mage, que llego a ser parte del consejo y viajo por todos los lados del mundo, un Mage que conocía a la ciudad de la libertad perfectamente, el problema es que ese libro está en idioma antiguo, y no puedo leerlo, no por ahora, debo esperar a que en clases se dignen en explicar cómo traducir de ese lenguaje, que para mí mala suerte no sé cuándo será, que den esa clase.
—Vámonos a clase Lenya. Mi amiga me saca de trance pensativo en el que me encuentro, me agarra las manos y me empuja con ella en una carrera directo al salón, igual esa chica siempre sabe cómo hacerme reír
Llegamos al salón con algo de retraso, la profesora estaba esperando que los demás estudiantes entraran y se dignaran a hacer caso, pero noto algo raro en primera instancia, la presencia de un guardia. Estaba vestido de morado con un báculo ancestral, el más viejo y poderoso en su clase, con un báculo de ese nivel se puede hacer hechizos que hasta el mismo merlín conjuro alguna vez.
—Entren todos hay una información que debe darles el guardia. —La maestra sale casi disparada a su silla, cuando entra el último de los estudiantes, el báculo empieza a brillar y con un movimiento, el guardia enseguida se trasporta a la puerta, y la cierra, y con otro movimiento del báculo se pone de nuevo donde estaba. Todos quedaron impresionados.
Entonces yo pensé que las cosas no eran tan divertidas como estaban pensando los demás, era un guardia de la corte o con su nivel hasta podía ser un Mage elite. ¿Qué pasaba? Ahora la escuela era lugar para hacer redadas, vaya hasta donde me iban a perseguir las redadas, hasta el fin de mundo. El guardia comenzó a hablar.
—Alumnos, no quiero quitarles mucho tiempo, —Su voz era ronca, y aguda casi como la de un ogro, era un hombre fuerte se notaba en la cara— seré preciso. Hay un prisionero que se ha escapado de prisión, es un peligroso prisionero, que puede estar en cualquier lado ahora mismo, los guardias estamos haciendo casi cualquier cosa por atraparlo. Si lo ven deben avisar, por sus teléfonos de caracol a la policía inmediatamente. Además hoy el gobierno regional a puesto otra condición, aquel chico o chica que este afuera de su casas después de las ocho de la noche, será llevado a la comisaria, y será culpado, de terrorismo. Entendido.
Todos afirmaron con la cabeza, pero ahora llego otra escama para el pez, un toque de queda, la ciudad cada vez se estaba poniendo más amarillista. Ahora solo no podemos estar fuera de nuestras casas, que absurdo me parece, rezongo de manera suave para que nadie más escuche y miro al cielo, a la distancia, donde estaba el sol, pensando en donde estará esa tierra llena de libertad. Pero la fantasía me dura poco pues escucho mi nombre un par de veces. Y entonces volteo a ver a Mar, y ella con sus dedos apunta a la maestra.
—Lenya ven acá, presta atención a la clase.
El guardia todavía estaba allí, viéndome mientras recorría el camino para ver a la profesora, mientras que todos los compañeros veían atentamente como diciendo que estaban interesadas en mí. La verdad estaba ansiosa por ver que noticias me tenia la profesora, más la presencia del guardia me daba mala espina, me ponía incomoda, y para ser más honesta, no me gustaba en lo absoluto.
Llegue al asiento de la profesora, y le puse una cara como diciendo ¿qué es lo que quiere? Pero con mucho más tacto, la verdad es que no podía esperar para lo que me tenía que decir.
—Acompaña al guardia afuera.
En ese momento no sabía que decir, solo hice caso, pero ¿Por qué el guardia me quería llevar a fuera? Quería ver mis papeles o que. Seguía el guardia a fuera de la clase, viendo la gran espalda del hombre, le cubría una capa de color blanco, y de encima llevaba grebas de oro que distinguían una cosa, su rango. Y por lo que vi, no era cualquier guardia. Sentenciada estaba, que cosa mala abre hecho, o descubrirían mi libro antiguo que robe de la biblioteca. No patrañas nadie sabe de eso, además esto es otra cosa, hay mucho protocolo, y el guardia no dice nada. Cuando ya estamos cerca de la esquina de la escalera para bajar, él dice la primera palabra.
—¡Uf! Que cansado es este trabajo. Niña escúchame, has sido seleccionada para ser Guardiana de la corte.
Es que había escuchado mal o que, Guardiana de la Corte, eso solo es para los mejores promedios, de la escuela y además hay que hacer miles de exámenes para llegar a tener un báculo, o ser nombrado Mage.
—Con báculo incluido. —Dijo el otra vez.
—No… Puede ser, creo que estas equivocado, yo no soy un buen promedio. Dije yo intentándome justificar, pensando que era para alguien más y se había confundido de persona.
—Pues creo que entonces tienes alguna influencia en el consejo, porque junto a ti, solo dos de esta escuela han sido seleccionado.
Encima era alguien con influencias ¿Qué significaba esto? Debía haber alguna confusión súper grande en la corte, intente decirle otra vez al guardia, que estaba equivocado, pero él me ignoro por completo, debió de darse cuenta de lo fastidiosa que era mi voz, y después saco una especie de carta, de sus bolsillos.
—Aquí tienes, es una carta que el consejo mando para ti. Yo tome la carta, me di cuenta que esto no iba a parar si no lo hacía, estaba justamente contra la espada y la pared, pero de alguna manera, también me podía ayudar, los Mages principiantes pueden leer libros como los que tengo escondidos en el baúl, de la casa, y el libro donde está la ubicación de la ciudad, de la libertad.
No sé si fue un ángel, que me sonrió, pero después de un rato, me di cuenta que no podía dejar pasar esta oportunidad, agradecí al guardia por haberme traído la carta, y con un leve movimiento de bastón se desapareció en frente de mí. Esta oportunidad era grande para conseguir lo que tanto quería, irme de este pueblo. Después volví a clases y me metí en mi silla, aparentando estar calmada, pero por dentro debía de tener la ilusión de escapar de aquellos reinos tan aburridos. Pero aún tenía un problema, la llegada de la cura. Antes de asumir como Mage, debía ser curada, para que no me fuera a enamorar de algún chico. Igual deje de pensar en cosas, y me puse a escribir los hechizos que ponía la profesora ya estaba retrasada y al final, perdida.
Después de la clase, de hechicería básica, llegaba la clase de astrología, Mar me lanzo un papel para mi mesa. Yo lo abrí, porque sabía que tenía algo dentro.
—¿Oye que paso con el guardia?— Yo no sabía que responder, además estos temas eran delicados no pensaba en poner a todos a la deriva y esparcir el pánico.
—Nada tranquila sigue prestando atención a la clase— Escribí rápidamente y después lancé el papelito a la mesa de Mar.
Paso el rato y después de la clase, mar se volvió como loca hacia mí. Haciendo miles de preguntas que no sabía cómo responder, además estaba clara, de las otras miles de preguntas que me iba a hacer, todo al respecto del guardia y de la carta. Con toda la paciencia de se merecía la bella chica de cabello claro, explique lo del guardia. Ella pareció entender y se calmó un poco más, yo estaba ansiosa e ilusionada, iba a ser una de las pocas magas que consiga salir de dictadura landia.
—Oye sabes, ahora tienes el puesto que Helena se ha currado tanto en conseguir y no ha podido.
Casi quería tirarme a reír, pero bueno el dinero, no lo puede comprar todo, además ella estaba en una clase separada a la mía, no creo que se enterara de que yo había recibido una carta de la corte. Así que perdía cuidado acerca de ello, ahora lo que más me importaba era ira a casa, antes del toque de queda. Después del timbre de salida, fui directo a mi casa, no me desvié ni compre nada, las cosas estaban casi anexas a todo, cumpliendo con el comunicado del gobierno, guarde todo lo que era peligroso en la casa, puse el seguro doble de la puerta y tranque las ventanas con más seguridad que antes, además me puse a ver todas las cerraduras.
Después de todo eso, me cepille los dientes y me tire al sofá, puse mis piernas encima del mueble y saque la carta, que la leí mientras comía algunas roscas que habían en la cocina. El sello no me dejaba abrirla, lo que me dificulto mucho las cosas, busque un cuchillo y después abrí la bendita carta que ya me tenía algo molesta. Seque un papel rojo del fondo del sobre, ese papel no llevaba nada escrito, más lo abrí y entonces unas letras emergieron. Era papel mágico un tipo de papel muy extraño que solo el gobierno podía usar.