El mesero la llevó a su mesa correspondiente, había llegado un poco tarde, Bruno estaba esperando por ella y apenas la miro le dedidoco una morada serena. Una que no trasmitia absolutamente nada lo cual no le decía que iba a pasar a continuación. Mia se sentó en frente de él, el ya había pedido una copa de vino. —Hola amor. —Bruno siguió con el mismo semblante. —Llegas tarde... —Si, discúlpame. Tuve una cita con una cliente muy importante... —¿Sabes por qué estas aquí? —La interrumpió. Mia se quedó pasmada, estaba hablando muy seco. Ahora si se preocupo. —Realmente no, no se por que estamos aquí. —Bruno se acercó a la mesa y subió sus codos a esta, para apollar su barbilla. —Siento mucho lo que paso anoche. Siento que todo haya salido mal. —Soltó un suspiro y se volvió a acomodar e

