—Hey, puedes comprarnos a mi y a mis amigos un par de cervezas, el tipo del puesto de pollos se niega a darnos algunas—. Dice y me quedo con la boca abierta mientras miro fijamente al chico, sus ojos azules ahora expectantes como si se supusiera que yo simplemente iba a acercarme y comprarles cervezas alegremente. —¿Qué?—pregunto completamente consternada, este chico no puede tener más de 14 años. —Te pagaremos—. Aclaró como si ese fuera el obstáculo que se interponía entre yo y comprar alcohol a los niños. Jay me miró intentando contener la risa. —Me llamó chillona—le dije absolutamente horrorizada por la elección de palabras de los niños, yo era mucho mayor que él, ¿qué pasó con tener algunos modales? Una vez había leído un libro de adiestramiento de cachorros que se portaban mal, l

