CAPÍTULO 40

1459 Palabras

—Rhina, por favor, termina tus tortitas—. Suplicó Javier agachándose ante mi silla, pero crucé los brazos delante de mí, esta vez no me rajaría. Javier me había sobrealimentado desde que empecé a vivir con él, era como si intentara hacerme explotar. Me había despertado después de una larga siesta, que creía merecida tras un examen de contabilidad y un largo turno en la cafetería, con el dulce olor del chocolate a la deriva. Siguiéndolo en mi estado comatoso, vi a Javier en la cocina, vestido inmaculadamente con una camisa de vestir negra entallada y metida dentro de unos pantalones negros de vestir, repartiendo en dos platos tortitas con trocitos de chocolate tres veces más grandes que mi cara. Tortitas a medianoche, el sueño de toda una vida hecho realidad. Se dio la vuelta y me saludó s

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