MUERTE SEGURA \\ 1 PARTE

2057 Palabras
No esperaba que el chofer de la mansión Build le preguntaba hacia donde había cambiado el rumbo, pero seguro lo supuso cuando llegaron hasta el prive antro privado de lujo que había estado presente en su mente desde aquella mañana. Espera que el mes de planificación de los resultados esperados, y nada salga mal, pero lo sabrá hasta dentro de un par de minutos u horas cuando su objetivo aparezca. —Puedes irte a casa —le dice con una sonrisa al chofer. —Quiere que pase a recogerla —Mabel le dedica una sonrisa agradable. Pero niega. —Hablare a mi chofer para que venga a recogerme. Baja del coche acomodándose su nuevo atuendo, una blusa de tirantes tipo top de cuero y una falda negra de tul suave con un simple short calzón bajo esta, sin olvidar la abertura hasta el elástico de la falda que deja al descubierto toda su pierna blanquecina, haciéndola lucir sexi, tal como se siente.   Toma los artilugios de metal en su cabello acomodándolos de una mejor manera, son puntiagudos, filosos y largos, perfectos para ocultar en un peinado encrespado de las puntas. Cierra los ojos repasando lo que tiene que hacer, lleva una Beretta oculta en algún lugar del cuerpo, discreto, donde nadie lo puede ver, aunque no piensa usarla esa noche, no a menos que las cosas no vallan bien y tenga que hacerlo. Ha limado la punta de cada bala de posta para mejor daño; una vez disparada se partirán en cuatro fragmentos, matando lenta o dolorosamente al blanco. Vuelve a meter los palillos de metal, con la punta cubierta en una goma especial Para evitar cualquier daño.   Tiene otros métodos para aniquilar al enemigo  y al mundo entero si lo desea, y con total seguridad sabe que aquellos en su lista estarán al pendiente de cuándo será su turno de perecer en las manos del extraño asesino de corruptos en la industria empresarial. Todos deben temer… todos deben morir. Enfunda sus manos en guantes de látex n***o que le llegan por arriba del codo, es un estilo un tanto gótico pero le favorece demasiado. Parece una dominatriz en busca de un buen sumiso, pero ahí ella era la sumisa, la sumisa perfecta de Timoti Build, porque él la había instruido en el mundo para ser perfecta… perfecta para él, jugando a su favor todos esos atributos que dios y un buen cirujano le habían dado. Sonrió al hombre de escaso cabello en la puerta de entrada, este con una mirada que suponía un escaneo por el cuerpo de la chica sonrió, inclino la cabeza y la dejo pasar sin hacer ninguna revisión. Mabel sonrió. El primer paso estaba listo. Busco con la mirada a sus amigas, lo que no duro mucho ya que las encontró en uno de los sillones circulares a orillas de la pista. Camino hacia ellas sonriéndoles. Las tres unidas por una misma causa. —Está en los balcones privados —dijo Alina, la chica gótica de cabello rosa, perforaciones en la nariz y labio. Era la más pequeña del trio de chicas, de aspecto dulce, inocente. Abrió su boca abrazando con sus rechonchos labios la pajita sorbiendo obscenamente. Mabel de manera un tanto discreta mira hacia los balcones identificando al hombre que está buscando, hay mucha seguridad alrededor de él, unos cubriendo la entrada y otros pocos dentro del balcón privado. —Cuando todo empiece, quiero que se marchen de aquí. —Tú siempre te quedas con toda la diversión —expreso la otra chica de manera juguetona. —Quieres unirte a la diversión entonces Mirella —esta negó. —Eso creía —Axelina extiende una copa de vino rosa, mientras ambas chicas empiezan a platicarle todo lo que han visto desde que llegaron hace más de una hora.    El CEO de industrias Ochelo en maquinaria pesada y de construcción, Hector Ochelo se encontraba en los balcones privados, su escolta de seguridad lo rodeaba dándole la seguridad de que nada malo pasaría en ese instante, permitiéndole relajarse y disfrutar.   […]     2 horas antes de la presentación en el hotel RIU Hector Ochelo     Mis manos viajaron a la copa semi vacía para rellenar de nuevo por cuarta vez, creía que venir al bar sería más gratificante, la mujeres se acercaban tratando de pasar a mis guardias, pero hasta ahora ninguna lo había logrado, lo que en cierta forma me irritaba, quería un poco de acción tal como los pubertos que metían mano a las chicas sobre la pista de baile donde se apretujaban unos contra otros, moliéndose, poniéndome duro a la distancia… pero yo no era ningún joven de esa calaña, era un hombre maduro con una empresa que mantener a flote, y aunque estuviera casado desde hace más de veintiséis años solía venir a este lugar con los colegas por diversión fácil; algo que era difícil de conseguir con nuestras esposas enejadas y enclenques de edad avanzada. Aquí, bajo las luces fluorescentes que flotaban de un lugar a otro encandilando a las niñas hormonales facilitando el trabajo del alcohol para dejarlas deslumbradas lo suficiente para que notaran el dinero y el vino caro en las estancias privadas. —Hay gran variedad esta noche —volteando a ver a mi viejo amigo Maxi Tomacio asentí, llevándome la copa de vino frio a los labios sorbiendo, deleitándome con el agrio sabor del vino mire de nuevo en la dirección que mi amigo señalaba. Definitivamente había gran variedad esta noche y no solo por lo decía por las chicas de aspecto dulce y mirada chispeante, sino que también los chicos parecían seleccionados como el buen ganado de las granjas exportadoras.   Torcí una sonrisa socarrona recordando a la chiquilla de hace dos semanas que fue la última vez que vine con los colegas a divertirme a este lugar, pose la mirada perdida de nuevo a los cuerpos apretujados abajo en la pista, hasta que por mi visión periférica logre ver un cuerpo perfecto, vestido de n***o, de caderas anchas y cintura sumamente estrecha, estaba de espaldas moviendo su culo, pegándolo a la entrepierna de otra fémina de cabello rosa, estaba deslumbrado, su piel parecía brillar bajo los reflectores. Ella seria, sonreí de nuevo vaciando el líquido ámbar que quemo mi garganta en un largo trago. —Veo que te ha gustado algo —volvió a decir Maxi. Movió su mano llamando la atención de uno de los camareros —bueno, yo tengo mi diversión por esta noche —señalo al chico quien entraba con una charola y un par de vasos vacíos en una mano, tal vez tenía apenas dieciocho años bajo aquel maquillaje llamativo que utilizaban los trabajadores del bar el cual brillaba con las luces fluorescentes. —No seas tan brusco con el chico —murmure en una risilla, tampoco sería la primera vez que tomaba la virginidad de algún chiquillo que trabajaba en el bar. Vi ponerse en pie a mi colega cuando el chico se acercó, temeroso, hasta su lado, le susurro unas cosas y después salió tirando del brazo al chico. —Te veré después —moví la cabeza afirmativamente despidiéndome de él con aquel gesto. Incline el cuerpo buscando con la mirada a la chica de cuerpo exuberante y no descanse hasta volver a verla entre la multitud. Alce la mano sabiendo que mi mano derecha estaría al pendiente por si necesitaba alguna otra cosa. —Traílla —musite arrastrando un poco las palabras. Mi mano derecha asintió y a los pocos segundos apareció entre la multitud, mi chica estaba sola, alzando sus manos tocándose el cuello, pasando sus pequeñas manos por su delgada cintura acentuando el trasero cuando lo sacaba un poco más mientras doblaba las rodillas bajando en un movimiento sensual que te atraía como el imán, tetándome hasta la medula por enterrar la cara en su culo redondo, para subir por su vientres hasta llegar a sus pechos, chupando, mordisqueando y apretujando sus pezones mientras me comía uno de ellos con la boca.   Apreté los dientes. Baje una mano apretujándome el paquete, ansioso. Biz se acercó a la chica, entablo una conversación fugaz con esta quien parecía algo reacia, cuando Biz señalo en mi dirección y la chica de cabello recogido y cuerpo de infarto volteo a verme, alce la copa, sonriendo con sutiliza. Me relamí, imaginando todo lo que podría hacer con la niña en esta zona alejada y privada… sus senos ¡maldición! Me dejaría ir a ellos como un bebé en plena hambruna. La vi caminar al lado de Biz con sensualidad tocando el hombro del hombre quien lucía nervioso en cada tacto, pero ella parecía ajena. Sonrió con vergüenza mordiendo su labio antes de aproximarse donde otras chicas quienes estaban sentadas descansando en una de las sillas redondas mientras bebían de alguna botella de bajo costo, parecía decirles algo que sus amigas celebraron, después se dio la vuelta sonriente caminando detrás de mi mano derecha.   Volví los pasos sentándome en el mullido sillón rojo redondo. Esperando por mi diversión.   A los pocos minutos Biz deslizo la cortina que dividía las estancias privadas con la chica de mirada dulce e inocente. —¡Señor! —voltee ante el llamado. La joven a su lado mordió sus labios rojos cereza, las manos en su espalda y sus pies jugaban uno detrás del otro, tenía la mirada al suelo luciendo malditamente corrompible. —Puedes alejarte Biz, te llamare si necesitamos algo mas —asentí al chico, pero sin despegar los ojos de la chica que me tenía hechizado. Aun no levantaba la vista pero pronto lo aria. —¿Cuál es tu nombre preciosa? —tendí la mano para que la tomara pero la chica continuo en su lugar, tomando la iniciativa avance hasta ella pasando el dorso de la mano por su cuello y mejillas. —So-o-ooy Mabel, señor —tartamudeo, cerrando los ojos e inclinando la cabeza ante la caricia. Sus mejillas adquirieron un tono más rojo que el que tenía en un inicio denotando su aparente inocencia y fragilidad. —Tienes un bello nombre Mabel, yo soy Hector Ochelo. —Es un gusto señor Ochelo. —Solo llámame Hector, preciosa. —Pero eso sería impropio señor Ochelo. —Me gustaba, era tan dulce y sumisa. —¿Quieres beber algo? —U-Una copa de vino le agradecería.   Tomando su mano pequeña y suave la guie hasta el sillón más próximo, dejándome caer sobre el la arrastre conmigo hasta sentarla justo a mi lado, tan cerca que nuestras rodillas y muslos se tocaban compartiendo el calor del cuerpo; solo bastaría un movimiento para que se sentara en mis muslos y poder apreciar su cuerpo a detalle. Isibisa de Mike posner sonaba de fondo cuando llene una copa vacía ahí en la mesa para ella, los guardias de mi sequito no estaban cerca pero aún era capaz de verlos al pie de las escaleras resguardando mi seguridad. Le tendí la copa y se la bebió de un solo trago.   —Está nerviosa —inquirí sin dejar de admirarla, su pecho subía y bajaba en movimientos lentos y acompasados. A través de la tela se marcaban un par de pezones redondos, llevándome un dedo a los labios, limpie un poco del resto del vino. —¿Tengo algo en el rostro? Sonreí y negué rodeando la copa con los dedos bebiendo un poco más del frio vino escoces. Tome la botella de la mesa de madera tallada mostrándosela de nuevo a la chica en un gesto, al obtener su afirmación vacié un poco más de la mitad de la copa. No me molestaba que ella bebiera tan rápido vaciando el contenido en su estómago, parecía ansiosa por estar ebria; lo que me hacia las cosas más fáciles… entre más rápido se embriagara más pronto la tendría bajo mi cuerpo. —Estas nerviosa —afirme. —Po-porque lo dices —descruza y cruza las piernas mostrando un poco más allá de la oscura tela de la larga falda de abertura en una de sus estilizadas y rellenas piernas. Paso la lengua por los labios deseoso de sumergirme en el paraíso que se oculta entre ambos trozos de carne. —Por nada —le restó importancia instándola a beber un poco más de la copa que casi está de nuevo vacía.
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