La luz natural entra desde el balcón directo a los diversos conjuntos de ropa sobre la cama, las lentejuelas de un vestido corto dorado crean brillos que se esparcen por la habitación, de tonos oscuros, la ropa interior fina de encaje en contraste con todos esos bellos vestidos, las zapatillas en una hilera listos para ser tomados. Un jadeo llena la habitación seguido de choques de carne, maldiciones llenan el cálido ambiente mientras los cuerpos en la ducha se funden en uno solo, dejando correr sus preocupaciones por el desagüe.
—Necesito… necesito respirar —jadea la chica de manera ahogada. Las manos del hombre sobre su cuello le cortan la respiración y maldice, porque no podrá utilizar el vestido que deja al descubierto sus redondos pechos hasta el ombligo —vas a… ¡ahh! dejar marcas Ti-Timoti —dice apenas, el hombre sonríe y afloja solo un poco el agarre en el blanquecino cuello de la mujer; hay lagrimas que se funden con el agua y se desliza por los cuerpos desnudos creando charcos bajo sus pies que desaparecen en el desagüe.
—Amas que deje marcas —musita el hombre mayor en tono burlón, su cabello medianamente largo pegado a su frente húmeda, el vapor de la ducha comenzaba a ser sofocante, pero nada que no pudieran soportar a cambio de un arrasador orgasmo que los consumía lentamente. —Para después lucirlas delante de Sheril ¿Ah? —toma las caderas de Mabel hundiendo sus dígitos en esta, deleitándose con la carne blanda que se vuelve roja con la presión mientras su risa picarona inundaba sus canales auditivos. Solo eran veinte años de diferencia entre él y su pequeña ahijada, quien después de la muerte de sus padres fue puesta bajo la custodia de él y su esposa quien estuvo encantada al no poder tener hijos —¡Maldición! Me aprietas tan bien que me vas hacer correr.
Mabel lloriquea más fuerte cuando siente las palmadas en su trasero que al tener la piel mojada se sienten más fuerte resonando entre las cuatro paredes componiendo el baño. Lleva una sonrisa en los labios, y su mano —la que no la está sosteniendo para no caer— se mueve desesperada bajo sus piernas abiertas masajeando su botón hinchado, hasta que grita convulsionando en una descarga que viene desde el centro de su epicentro en forma de jugos que se deslizan de sus piernas. Timoti continua arremetiendo contra el cuerpo delgado y voluptuoso de su ahijada, tirándole del cabello en un puño, atrayéndola a sus labios para besarla con violencia marcando la carnosidad ahí también.
—Jamás me cansare de todo esto cariño. De lo que me das y ofreces mi dulce chica —jadea contra los labios ajenos, saliendo de manera brusca de la chica frente a él.
—¡Joder!, porque siempre sales tan brusco— se queja la chica, mirando consumirse entre el agua restos de sangre. Forma una mueca, se endereza a duras penas… sus piernas aun tiemblas después de dos orgasmos, ya no esta tan sorprendida del aguante de Timoti; después de llevar follando casi doce años ha descubierto que el mayor tiene demasiada condición para eso y más a pesar de su edad. Las largas horas en el gimnasio han moldeado y conservado su cuerpo, y a sus 45 años el continua conservándose demasiado bien.
—Has pensado un plan para obtener la información de la empresa Chevi.
Mabel lo piensa un rato mientras envuelve su cuerpo en una gran toalla blanca y esponjosa, —mientras lo observa por el rabillo en pelotas delante de ella, tan seguro de sí mismo como aquella vez que la tomo cuando solo era una niña sabiendo que la Mabel de 13 años no se negaría— pasa una toalla pequeña por su cabello al igual que él, quien se pierde en el rostro angelical de la chica, rememorando los rasgos nobles que aún mantenía la chica.
—Una vez dijiste que el señor Checov tenía un hijo —Timoti asiente —ahí está mi plan.
Una sonrisa socarrona se forma en los labios de Timoti quien niega divertido.
—Le darás a probar los jugos prohibidos —dice con burla de nuevo provocando una risa naciente en el pecho de Mabel. La chica se gira señalándolo, el vapor del baño comienza a reducirse, los espejos dejan de estar empañados y es claro ver sus reflejos en el largo espejo que abarca toda la repisa del lavabo. Sonrojados y llenos de marcas en todas direccione —Dime tú como te va con ello Tim —la socarronería es palpable, pero es normal que ella continúe seduciéndolo con palabras sutiles y directas. Deja caer la toalla y pega su cuerpo al pecho desnudo del hombre mayor.
—Es la maldita gloria.
Un golpe en la puerta de la habitación los hace separarse, seguido de la voz molesta de la ama de llaves, Tilda, una señora de no más de cuarenta años que ha tenido sus quereres con el señor Build y odia a mas no poder a Mabel por recibir las caricias que le pertenecen a ella “según”.
Mabel sonríe besando los labios de Timoti antes de salir de la recamara envolviendo su cuerpo de nuevo en la esponjosa toalla olvidada en el suelo. Al llegar a la puerta ladea el cuello y abre, ampliando su sonrisa de niña inocente que muchos se creían y caían como abejas en miel virgen… creyendo en una inocencia que no existía; Que jamás había existido, en realidad.
—La señora pide verte Mabel —dice despectiva la ama de llaves. Mabel asiente y sonríe mostrando todas las marcas que se veían a simple vista en el escote de su cuello hasta perderse en la unión de sus pechos, sin olvidar los dedos marcados en su cuello. Tilda aprieta los labios, estaba furiosa, más aun cuando vio salir del baño a Timoti con solo una toalla envuelta en su cintura.
No entendía como era que él, siendo todo un hombre se hubiera fijado en una simple niña de 25 años que solo buscaba diversión en fiestas y alcohol, siendo cuando él lo que necesitaba era un heredero que ella podía darle cuando su esposa claramente no podía, pero el prefería perder el tiempo entre las piernas de una chiquilla.
—Ya has terminado de comerte con la mirada al señor Timoti. —Tilda corrió la mirada al pasillo, abochornada por ser descubierta mirándolo. Pero después frunció el ceño molesta por ser reprendida por esa niña. —Puedes avisar a mi madrina que ahora voy —dijo amable, sin dejar de lado el deje burlón.
Timoti reía aun dentro del cuarto admirando los conjuntos sobre la cama, tomo una de las prendas íntimas llevándosela a la nariz para inhalar con fuerza, saboreando el aroma impregnado, olían dulce, como una especie de vainilla y frutos, simplemente olían a Mabel y eso lo excitaba.
—Eres un pervertido —chulería destilando en las palabras de la chica. Tomo asiento en la cama lista para colocar crema en su piel suave y nívea.
Timoti carcajeo sin despagar la prenda de su nariz, hasta que se cansó la dejo sobre la cama, tal como la había encontrado.
—Entonces será un plan de seducción. —confirmo, respecto al plan. Mabel asintió —usa este —levanto el vestido corto dorado de lentejuela con cuello alto, y escote hasta el inicio de las nalgas en la espalda.
—Bien —Mabel tomo el vestido comenzando a colocárselo, no necesitaría un sostén con la prenda delicada, sus pechos eran lo suficientemente firmes para mantenerse erguidos y perfectos. Unas bragas diminutas en dorado fue el final, más las zapatillas de tacón bajo en color bronce.
Mabel se quedó mirando a Timoti con un dedo en la boca mordido por sus dientes, pasando la lengua por los labios al mismo tiempo hasta que este se movió rápido hasta ella tomándola por la barbilla, hundiendo los dedos en las mejillas de la chica dolorosamente.
—Quieres besarme el p**o ¿ah? —Mabel jadeo con los labios abiertos, amando la brusquedad en la que Timoti la puso de rodillas sacándose el pene entre la toalla, dando palmadas con este en la cara de la sonrojada chica.
—No puedo chuparte ahora Tim… pero tal vez esta noche en uno de los baños del hotel —giño.
Tilda, que aún se encontraba en la puerta espiando por la rendija que quedaba abierta, apretó los puños, negó, y emprendió marcha al cuarto de la señora de la casa. Muchas veces estuvo tentada a contarle la verdad que venía ocultando desde hace más de diez años, pero eso implicaba contarle también la suya y atenerse a ser despedida, y no podía perder el empleo.
Llamo a la puerta de caoba tinta y espero que la invitaran a pasar, volvió a tocar hasta que un débil —adelante— le llego. Empujo la puerta encontrando a la señora de aspecto dulce y cansado desempacando. Su cabello n***o con notorias canas estaba suelto hasta el hombro, y su rostro mostraba ya los rastros de su edad, llevaba un vestido azul y un bléiser blanco.
—Señora, gusta que mande a alguien para que acomode su ropa de viaje —esta negó con una sonrisa dulce.
—Donde esta Mabel.
—Ella vendrá en un momento —la puerta fue golpeada de nuevo y de ella emergió una chica delgada de senos grandes, cintura pequeña y caderas anchas de nalgas voluptuosas, llevaba una sonrisa amplia en los labios hinchados por el reciente beso que termino en una rápida y dolorosa mamada para el señor Build; aun podía saborear el esperma en la punta de su lengua a pesar de haberse lavando los dientes recientemente.
—Nina —musito dejando las zapatillas en el suelo yendo donde la que podría considerar su madre y la estrecho en sus brazos —¿Cómo te ha ido en el viaje?
Sheril sonrió alejándose de su ahijada para sentarse en la cama y palmear su lado, Tilda continuaba parada, expectante, aunque sabía de la hipocresía que existía en Mabel para con su madrina, estaba claro el cariño que se tenían genuinamente.
—Estas preciosa, hija. Lamento no poder ir con ustedes a la presentación del nuevo producto —dice apenada. Guardando silencio mientras parece ver algo en la chica —eres tan parecida a tu madre Mabel —sonríen (Mabel algo sonrojada) por el elogio, su madre era bella lo sabía por las fotos que su madrina mantenía en los viejos álbumes de su juventud, pues ella poco recordaba de su madre y su padre en general. —Pero ese no es el punto —cambio el semblante a uno más serio y risueño. Se puso en pie caminando hacia su bolso del cual saco una cajita de terciopelo —tienes un admirador Mabel, y me ha pedido te entregue esto —saca una gargantilla de oro con diamantes incrustados, hace señas a Mabel para que se dé la vuelta y así ponerle la gargantilla a pesar de que el cuello del vestido sea demasiado alto.
Tocándola con los dedos Mabel se queda pasmada, sintiendo el frio del oro en sus yemas tibias, es un regalo demasiado caro, aunque está acostumbrada a recibir este tipo de obsequios siempre suelen venir de personas con las que ha tenido intimidad, pero una gargantilla de oro puro e incrustaciones de diamantes supera cualquier regalo caro. Abre la boca para preguntar pero su tía le gana en responder su duda no dicha.
—Gator Bodine.
—¿Quién se supone que es…? —pregunta con un ligero acentuación de ceño fruncido.
—Ya lo conocerás esta noche —asegura Sheril.
—Por lo menos puedo tener una pista de como es este hombre.
—Es todo lo que te gusta en un hombre.
Aquellas palabras gustaron a Mabel como ningunas otras. Su madrina conocía un poco de su gusto y por eso estaba haciendo de casamentera para que su ahijada sentara cabeza y dejara de saltar de cama en cama; no quería que sufriera y el tiempo pasara para ella.
[…]
Media hora después Mabel se encuentra lista, su padrino Timoti se ha adelantado —pues al ser uno de los organizadores necesita estar presente por si llega a surgir algún inconveniente,— dejándola que se termine de alistar con tranquilidad.
Se admira en el espejo por última vez, no lleva medias pero si un sutil ligero n***o por arriba del muslo que apenas y cubre el corto vestido, se siente hermosa y poderosa, sus ojos ahumados por el maquillaje y las líneas doradas que brillan en contraste con el café y n***o de sus parpados pintados.
Pasa las manos por su diminuta cintura uno de los últimos regalos de su padrino, en realidad el mismo había pagado todas las costosas cirugías que Mabel había hecho a su cuerpo, levantamiento de pómulo, nariz respingada y demás cositas que la hacían lucir irresistible para la mayoría de los hombres, lo único natural en ella era sus senos grandes heredados de su madre junto a sus labios rellenos, tal vez su estatura era baja, pero era el plus perfecto, gracias a ello aparentaba menos edad y “los pervertidos se vuelven locos… y ella amaba volver loco a un pervertido”.
—Vas a tener todas las miradas sobre ti Mabel —la chica sonrió encantada. Amaba todas y cada una de las miradas que se posaban en ella, sobre todo la de las mujeres, de quienes podría esperar halagos de frente y una puñalada por la espalda.
Echando el cabello hacia un lado se giró mirando a su madrina, le dedico una sonrisa de dientes perfectos y blancos. Camino hasta ella dejando un beso en el aire para no mancharla con el labial rojo que cubría tan bien sus labios; haciéndolos lucir apetitosos.
—Ese es el plan nina —le giño y salió del cuarto bajando a la planta baja donde una camioneta tipo Range Rovert esperaba por ella.
Metió su bolso debajo de su hombro mirando la infinidad de mensajes de sus viejos amantes en el celular, todos y cada uno tan desesperado como el otro por una noche más con ella.
Era una chica linda y joven con el ego demasiado alto, tanto como su confianza en sí misma al conseguir cualquier cosa que se propusiera… porque jamás se le negaba nada; ni nadie.
Soltó una risita socarrona al ver las propuestas candentes, pero esta noche, —si todo marchaba bien—, tendría comiendo de su cuerpo a un apuesto empresario, le valía un comino si era casado, divorciado, viudo o estaba en alguna especie de relación amorosa…
Mabel es la manzana prohibida que todos querían probar… y a ella no le molestaba en lo absoluto que la degusten.